¡Mira que están ricas las croquetas!
En mi casa nos encantan, practicamente del sabor que sea. Esa cobertura crujiente y dorada y el interior tierno y cremoso convierten este sencillo plato en todo un manjar.
Cuando se haya fundido la mantequilla y el aceite, añadimos la harina y removemos para quitarle el sabor a crudo hasta que se haga medio sólida en la sartén.
Añadimos la leche templada y cocinamos unos minutos antes de agregar los demás ingredientes.
Incorporamos el queso de cabra y removemos hasta que se disuelva. Es probable que, según el queso que uséis, la piel que lo envuelve que suele ser más dura no se disuelva bien. En ese caso la retiramos de la sartén cuando la veamos.
Por último echamos la cebolla caramelizada. Sazonamos con sal, pimienta y una pizca de nuez moscada y cocinamos removiendo hasta que la masa espese y se despegue de la sartén.
Ponemos la masa en una fuente alargada y la tapamos con film transparente que esté en contacto con la masa.
Una vez que la masa está bien fría, cogemos porciones con una cuchara y las rebozamos pasando por pan rallado, huevo batido y pan rallado de nuevo. En este punto las podemos congelar si queremos.
Freímos en abundante aceite caliente hasta que estén doradas. Hice unas cuantas para mi en la airfryer, pero de esas no tengo fotos. Igualmente si queréis hacerlas tendréis que cocinarlas unos 10 minutos a 165 o 170º. Vigiladlas porque al llevar queso es probable que alguna se "reviente" y salga el queso para afuera.