No se si alguna vez he probado el auténtico curry (supongo que tendría que hacer un buen viaje) , en los restaurantes nunca sabes con certeza lo que comes. Cada chef amolda su versión y en si le dan autenticidad, pero no siempre es el plato original, sin variantes ni modernismos.
Me encanta este plato, me resulta reconfortante, la leche de coco hace que sea muy especial, le aporta cremosidad y textura. Pero realmente el protagonista es el toque picante y las especies que caracterizan el plato. El hecho de que sea picante hace que después de comerlo me sienta activa y podría asegurar que me siento más feliz.
El curry aunque podemos prepararlo nosotros mismo, ya que no deja de ser una pócima exquisita de especias como azafrán, jengibre, canela, cebolla seca, ají, curcuma, comino, cayena, tamarindo y muchas más que de memoria no recuerdo, si que es verdad que solemos comprarlo a granel, esta mezcla comercial es conocida como garam masala, que también encontraréis con diferentes denominaciones y cantidad de picante.
El curry de tofu es mi favorito (ahora que lo pienso, es el único que he comido) ya sin ser vegetariana o vegana lo comía de tofu. También es un plato que me trae recuerdos de la antigua ubicación de mi trabajo, antes estábamos en la ciudad y teníamos dos horas de comida (no echo de menos las dos horas para comer), teníamos el tiempo suficiente para ir hasta uno de mis restaurantes favoritos, así que un viernes cualquiera mis compañeros y yo nos íbamos a comer curry en un restaurante thai. Ahora estamos en un polígono y esa distracción se hace imposible.
Dicho todo esto, hago honor a todos los pocos y muchos platos de curry que he probado, con esta receta.
Ingredientes | 2 raciones | 20-30 min
Procedimiento

Más allá de la receta