
Son numerosos los estudios científicos que demuestran que una alimentación sana y controlada contribuye a prevenir enfermedades como la obesidad, la diabetes o la arterioesclerosis. Además, comer menos es la mejor manera de perder peso; de hecho, la dieta hipocalórica sigue siendo, en general, la favorita de los médicos y especialistas a la hora de poner a raya los kilos de más. Nuevos estudios no sólo confirman su eficacia, sino que le atribuyen efectos rejuvenecedores para nuestro organismo.

En realidad, el tipo de alimentación al que fueron sometidos tiene bastantes puntos en común con la alabada dieta mediterránea, lo que en parte podría explicar los buenos resultados obtenidos. Es decir, su dieta hipocalórica no sólo consistía en cantidad (entre 1.400 y 2.000 calorías), sino también en calidad: los vegetales (frutas, verduras, cereales y legumbres) eran el producto principal, seguidos de pescados y grasas insaturadas como aceite de oliva, a la vez que se restringieron los lácteos y las carnes y se suprimieron los alimentos refinados y procesados.

A pesar de sus ventajas, no todo el mundo puede seguir este tipo de régimen alimenticio, ya que es demasiado estricto. Luigi Fontana, director del estudio, advierte que se corre el riesgo de sufrir malnutrición si falta supervisión médica. No obstante, el investigador sí que anima a reducir ligeramente las calorías que consumimos diariamente, ya que así contribuimos a una mejora general de nuestra salud.

Fernanda Abelenda, especialista en dietética de eDiets.com, nos explica en qué consiste: "una dieta hipocalórica es un plan de alimentación que se elabora a partir del control y la limitación de las calorías consumidas. Generalmente, estos regímenes están compuestos por un gran porcentaje de alimentos con una baja densidad calórica, es decir, aquellos que tienen mucho volumen y pocas calorías, como puede ser el caso de los vegetales y frutas".

Tampoco es aconsejable saltarse comidas. Como bien señala Blanca Canalejo, especialista en dietética y nutrición: "hay personas que, por no desayunar o no cenar, creen que están reduciendo calorías y, al final, acaban comiendo más de lo debido. El secreto está en comer bien, sano y equilibrado. Y, sobre todo, evitando 'atiborrarse', repartiendo las calorías en cinco comidas diarias".
Por último, es fundamental proveer al organismo de la proporción adecuada de nutrientes: hidratos de carbono, proteínas y grasas. Según explica Fernanda Abelenda, especialista de eDiets.com: "el aporte de grasas no debe exceder el 30% de la energía total de la dieta, repartida de la siguiente forma: 10% grasa de origen animal, 10% poliinsaturada (vegetal y pescado) y 10% aceites monoinsaturados (de oliva, por ejemplo). Las proteínas representarán entre un 15% y un 20% del aporte calórico y un 50-60% corresponderá a los hidratos de carbono, fundamentalmente complejos (cereales, legumbre, pasta).
Abelenda recomienda incluir principalmente "frutas, vegetales, carnes magras, pescado, pollo, huevos, legumbres, carbohidratos ricos en fibra y no refinados, aceite de oliva, granos como nueces y almendras, y semillas. Como podemos observar tiene las características de nuestra dieta mediterránea".

Experimentos posteriores, con invertebrados primero, y con mamíferos después, han demostrado que existe un patrón genético que podría explicar la misteriosa relación entre dieta y edad. Estudios publicados en prestigiosas revistas especializadas como Science y Nature han descubierto que los ratones más longevos eran los que ingerían menos calorías.
Tal y como asegura Fernanda Abelenda, "también un estudio experimental reciente ha demostrado que seguir una dieta baja en calorías disminuiría el daño celular por producción de radicales libres y, por tanto, retardaría los efectos del envejecimiento en la expresión genética. También tendría un papel protector contra el cáncer, disminuiría el riesgo de cardiopatía isquémica y aumentaría la esperanza de vida".

No obstante, los científicos se muestran, de momento, escépticos. La reducción calórica en humanos obliga al organismo a restringir el gasto de energía, lo que supone una pérdida de actividad importante que, como es obvio, no reporta ningún beneficio para la salud. En cierto modo, lo que se ganaría en años, se perdería en calidad de vida.
Como bien señala la especialista en dietética, Fernanda Abelenda, "un estilo de vida saludable no es aquél que sólo consiste en una dieta baja en calorías y equilibrada sin incluir un programa de actividad física. Y con esto nos referimos a que caminar 30 minutos ya es de por sí un 'programa de actividad física'. La clave de la juventud es comer gran variedad de alimentos, sin excesos, con ejercicio moderado y control del estrés".