Hace poco estaba en la cocina a las siete de la mañana, el olor de la masa frita flotando por toda la casa, y mi hija prácticamente saltando de la cama al detectarlo. Eso que ves en las vitrinas de las pastelerías y en los carritos de las cafeterías es completamente posible hacerlo en casa. Mejor aún: mucho más sabroso.
Lo bonito de hacer estas cosas en tu cocina es que controlas cada ingrediente, cada gramo de azúcar, el tipo de aceite que usas. Además, hay opciones para todos: al horno, sin harina, rellenos, glaseados, saludables. No es complicado, aunque requiere paciencia y un poco de técnica que iremos desgranando.
Aquí hemos reunido las mejores formas de prepararlos: desde las recetas más clásicas hasta versiones modernas más ligeras, pasando por trucos para que te salgan perfectos a la primera. Hay opciones para todos los gustos y necesidades, así que no tienes excusa para no meterte en la cocina.
Aquí encontrarás la base sólida que necesitas: la receta que funciona siempre acompañada de consejos prácticos para evitar los errores más comunes.

Si lo tuyo es evitar la fritura, esta opción te permite disfrutar del sabor sin culpa. Un repaso por cómo conseguir ese toque crujiente en el horno.

Para cuando quieres darte un capricho sin renunciar a cuidarte. Todo lo que necesitas saber sobre cómo adaptarlos a una cocina más consciente.

Te sorprenderá lo sencillo que es meter un relleno en el interior. Descubre cómo jugar con cremas, mermeladas y otros sabores para sorprender a quien los pruebe.

El acabado lo es todo. Aquí verás cómo preparar glaseados que no se rompan, que brillen y que tengan ese punto dulce perfecto.

Aprende a hacerlos con ingredientes más nutritivos sin perder ese sabor intenso a chocolate que todos queremos en cada bocado.

Una idea original para reutilizar tus piezas: convertirlas en una tarta espectacular sin tener que encender el horno de nuevo.

Si lo que quieres es replicar esos que compras en la cadena, aquí tienes la fórmula para lograr ese sabor que no se te quita de la cabeza.

Como ves, las posibilidades son casi infinitas. Ya sea que prefieras la versión clásica o quieras experimentar, tienes camino para rato en tu cocina. Lo importante es disfrutar del proceso: amasar, freír o hornear, y claro, probar el resultado. Eso sí, ten cuidado: una vez que empieces, es difícil parar.