Tengo un amigo cocinero que cree que estoy loca porque me gusta cocinar. El pobre esta asqueado, porque lo explotan, le hacen trabajar jornadas interminables, no le pagan cuando deberían y tiene un jefe de mierda demasiado pendiente de su propia soberbia, como para ser capaz de comprender que para motivar a un trabajador lo primero es cubrir sus necesidades básicas. El sueña todos los días con reunir el dinero suficiente para abrir su propio negocio.
Hace unas semanas me dijo que estaba enganchado, literalementa a las costillas a la Coca-cola. Admito que al prinicipio la idea no me entusiasmo. Pero al escuchar lo fácil y curiosa que era la receta decidí que debía probarlo. Costillas, un sobre de sopa de cebolla y una lata de Coca-cola, sólo tres ingredientes. Marinas las costillas en la mezcla de Coca-cola y sopa y lo metes todo al horno. Así de sencillo. Está bueno. Y el sabor engancha, me dijo.
Quería hacerlo tal y como me fue trasmitido, pero no tenía costillas y sabía que con pollo quedaría bien igual. Busque un poco en internet por si acaso y descubrí que era la última en descubrir la receta. De hecho media blogosfera, por no decir más, la ha hecho. Ya no había vuelta atrás, lo haría con pollo. El resultado fue asombroso. Algo extrañamente agradable. Un jugoso pollo con sabor dulce y misterioso. Lo volví a hacer pero está vez con ligeras variaciones para hacerlo un poco más a mi gusto. Cambie el horno y lo hice en la cazuela. Añadí cebolla picada, un poco de picante y salsa de soja. Et voilà! el pollo quedó definitivamente perfecto.
FUENTES
Las cosas de Gabi, pollo a la Coca-cola