
Tal era su importancia que la mitología azteca le otorgaba un papel primordial; Chicomecohuatl, la diosa del maíz simbolizaba el poder fertilizante del agua, en compañía de siete serpientes.
Las amplias plantaciones, ya extendidas por todo el mundo, dan lugar a las mazorcas de maíz, un alimento muy versátil, ya que posee múltiples usos en la cocina, tanto tiernas como tras pasar por un proceso de secado.

Aunque no es lo más destacado de su composición nutricional, también aporta vitaminas A, o carotenos, que mantiene la buena salud de la vista y la piel, y E, que posee efectos antioxidantes y colabora en la renovación de los tejidos. Entre los minerales que se encuentran en este cereal destacan el fósforo, imprescindible en el funcionamiento de los músculos, y el potasio, necesario para la actividad celular; también proporciona calcio, magnesio y sodio.

En cuanto al cereal seco, destaca el grano suelto para hacer las conocidas palomitas, el ingrediente fundamental en las salas de cine de todo el planeta, los 'kikos' o maíz tostado, o su uso para preparar galletas. También se encuentra 'nixtamalizada', utilizada para elaborar tortas, productos muy típicos de países latinoamericanos como México.
Las tortas son la base de platos tan conocidos como las fajitas, las quesadillas o los tacos. Las tortillas se pueden adquirir ya preparadas, aunque es posible hacerlas en casa fácilmente; tan sólo se necesita harina de maíz y agua tibia, con los que se produce una masa homogénea. Con ella amasan láminas finas de forma redondeada, del tamaño de un plato. Estas tortas se fríen hasta que los bordes estén dorados.

La harina, conocida comúnmente como maicena, es empleada en la cocina para rebozar alimentos, para espesar salsas o postres y para hacer pan adecuado para celíacos, ya que carece de gluten, proteína presente en cereales como el trigo y que no toleran los afectados por esta enfermedad.