Para conocer un poco mejor al zumaque debemos ir al arbusto del que procede, también llamado zumaque (Rhus coriaria), de la familia Anacardiaceae de la que también proviene la pimienta rosa. El zumaque puede alcanzar metro y medio de altura y su cultivo está cada vez más extendido por la zona mediterránea, crece en el sur de Italia, Sicilia y todo el Oriente Medio. Este arbusto da unos frutos tipo bayas, de color rojizo y tamaño de un guisante que se recolectan maduros a finales de verano o principios de otoño. Lo que conseguimos en un mercado de especias son estas bayas secas y molidas para tener un polvo con tonalidades vino-tinto o púrpura.
De sabor ácido muy agradable, con notas afrutadas y astringentes, el uso del zumaque se encuentra muy extendido en la cocina de Oriente Medio, especialmente en la libanesa y siria. En estas regiones es un importante agente de acidificación, sustituto del limón, tamarindo o vinagre para aderezar ensaladas y preparar adobos. Los turcos frotan con zumaque la carne del lahmacun y en Irán lo utilizan para hacer brochetas de carne tipo kebab. El zumaque también forma parte de mezclas de especias como el Za?atar árabe (junto a semillas de sésamo, tomillo y sal) o el Dukkah egipcio (avellanas o garbanzos, sésamo, pimentón, cilantro, comino y sal).
También es interesante conocer que el zumaque, junto a su vertiente culinaria, es utilizado para el curtido del cuero, gracias a su alto contenido en taninos. Suele emplearse molido y le proporciona al cuero un olor agradable a té, mayor resistencia a la luz gracias a su contenido en antioxidantes y un bonito color rojo.
Espero que os haya gustado la receta y que os animéis a descubrir el zumaque. En mi próximo impulso lo tengo que probar espolvoreado sobre un sencillo huevo frito (mi amiga dice que el resultado es espectacular) o incorporado al arroz, como si fuera colorante, para aportarle un precioso color rojo y sabor cítrico, ¡perfecto para acompañar un pescado!
Os lo iré contando. Hasta pronto.