
Parece que sea una moda lo de comer flores, pero lo cierto es que se consumen desde hace ya muchos años. El brócoli, la coliflor, las alcachofas o la lombarda, incluso en forma de especias como el laurel, el tomillo, el azafrán o el romero.
En total hay cerca de 250 especies de flores comestibles. Las más populares en la cocina son: las violetas, los pétalos de rosa, la flor de calabacín y calabaza, las caléndulas, los crisantemos, el jazmín; los claveles, azahares, malvas, pensamientos, gladiolos y amapolas. Eso sin olvidar las hierbas aromáticas como el cilantro, tomillo, eneldo, romero, mejorana o la menta. 
Pocas flores se cocinan, las del calabacín son una excepción, ya que no sólo se consumen en crudo sino que también suelen comerse rellenas, horneadas o fritas debido a sus características. En México e Italia, por ejemplo, es muy habitual la receta de las flores de calabacín rellenas y rebozadas, aunque también se pueden tomar en forma de tempura o como relleno de pastas.
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Tiene un sabor y una textura muy delicada y pueden acompañar a muchos platos o tomarlas como tapa. A mí me regalaron estas tres ¡gracias! como eran pequeñas las hice en tempura, pero si encuentro algunas más grandes, las haré rellenas. Hay que cocinarlas enseguida, ya que son muy delicadas y se echan a perder rápidamente.

Las secamos sobre papepel absorvente, mientras preparamos la tempura.
Como solo tenía tres, he hecho poca tempura, con dos cucharadas de harina y un poco de agua helada, teniendo en cuenta que cuanto más líquida, más crujiente queda.
Sumergimos las flores para que se impregnen por dentro y por fuera, escurrimos y freímos en aceite caliente por los dos lados, unos segundos.
Sacamos sobre papel para quitar el exceso de aceite.
NUTRICIÓN: flor de calabacín
