
Este es un plato cuyos orígenes podrían remontarse a la Edad Media, aunque la receta, que se sepa, apareció por primera vez en un recetario del fraile franciscano Josep Orri, Avisos y intrucciones per lo principiant cuiner, editado en el siglo XVIII. Los pilares básicos de esta receta son la carne de ternera, el sofrito, la picada y las setas. La carne de ternera idónea para hacer el fricandó es la tapa plana, llana o llata, que es una parte de la culata de la espalda del animal. La picada se hace en el mortero con almendras, avellanas, ajo, y un par de galletas maría. Hay quién utiliza carquiñolis en lugar de galletas. Las setas idóneas para el fricandó son las que pueden secarse y, posteriormente, hidratarse como por ejemplo las tricoloma georgii (en catalán, moixernons; setas de San Jorge, en castellano; o ziza-zuri perretxico, en esukera); o bien las marasmius oreades (carreretes o cama-secs, en catalán; senderuelas, en castellano; o marasmio jangarria, en euskera). Hay quien prefiere utilizar setas de temporada, frescas. El resultado no es el mismo porque las setas que se han secado suelen tener un sabor más fuerte, concentrado, al haber perdido toda el agua que no recuperan a pesar de hidratarlas de nuevo. Conviene pues no abusar porque podría alterar el sabor del guiso que, por cierto, gana si se deja reposar y se come al día siguiente.
PARA LA PICADA