
Irresistibles. Así son estas galletas craqueladas de limón. Son muy finas, delicadas y se deshacen en la boca, y o mejor de todo es que no son nada complicadas de realizar. El efecto del craquelado las hace muy apetitosas y les da una pinta de pastelería tradicional que las hace perfectas para regalar metidas en una latita, si es que consigues que lleguen a salir de casa, claro.
El efecto del craquelado se consigue de manera muy simple, pero no por ello deja de ser efectiva. Al crecer las galletas en el horno, su superficie se resquebraja por la expansión interior, y este efecto queda agudizado por el baño de azúcar glas que les hemos dado antes de hornear.
¿Veis qué fácil? Además, seguro que tenéis voluntarios para ayudaros a hacer bolitas con la masa, que me apuesto el delantal a que tenéis algún experto en plastilina al que le va a faltar tiempo para ponerse manos a la obra contigo en la cocina.
1.- En un bol mezcla el azúcar, los huevos, el zumo de limón y la ralladura.

2.- Añade el colorante amarillo (aunque es opcional le va a dar un acabado más bonito) y mezcla de nuevo.

3.- Añade la harina junto con la levadura y la sal tamizadas y mezcla hasta integrar.

4.- Incorpora por último la mantequilla y amasa hasta conseguir una masa lisa. Tapa y enfría durante 30 minutos en la nevera para que tome consistencia.

5.- Haz bolas, pásalas por azúcar glas y colócalas en una bandeja sobre papel de horno. Hornea a 175º C – 347º F durante 17 minutos.

8.- Deja enfriar sobre una rejilla con cuidado.

- Intenta no manipular las galletas mientras estén calientes. Son muy delicadas y se podrían romper.

