Hay pocas cosas tan agradecidas como hacer galletas caseras, por lo menos para mí. Son fáciles, son sanas porque puedes escoger los ingredientes y elegir qué tipo de grasas vas a utilizar, cunden bastante y además llenan la casa de un aroma delicioso que invita a autoregalarte un ratito de relax con una taza de café.
Las craqueladas o crinkles de almendra son unas galletas maravillosas tanto por el sabor como por el aspecto que se consigue con el rebozado en azúcar glas. La verdad es que me han enamorado y las pienso repetir muchísimas veces, entre otras cosas porque son increíblemente fáciles de hacer. Para elaborarlas no necesitas más que una cuchara o un tenedor para mezclar la masa, así que no da ninguna pereza ponerse con ellas, porque si hay algo que me eche para atrás es utilizar ochenta mil cacharros que luego hay que fregar. Además no llevan más grasa que la del huevo y la propia de las almendras, y yo personalmente agradezco las galletas sin mantequilla porque son mucho más saludables.
Y dicho esto vamos al lío, que es muy poco.

Sacar la bandeja del horno y dejar enfriar totalmente las galletas.
En un bote metálico se conservan perfectamente varios días (eso si llegan).
Si te apetece seguir horneando galletas:
Galletas crinkles de chocolate
Galletas de anís
Galletas de nata
Galletas de maizena y chocolate
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