Recuerdo que la primera vez que probé la avena fue en un vaso de café con leche, y la verdad es que aquello me supo cómo debe saber el pienso de pollos. Después de eso, el paquete quedó desterrado a la parte trasera del armario para no tener que enfrentarme a él diariamente. Cada vez que limpiaba ese armario lo iba cambiando de sitio, pero un día consideré que había pasado tanto tiempo bailando que lo mejor era mandarlo directo a la basura (sí, soy culpable, tiré casi un paquete de avena casi entero, lo siento). Mucho tiempo después vino el muesli, hay creo que estuve más acertada, ya que me dio por probarlo en el yogurt y no solo se convirtió en uno de mis imprescindibles, sino que su uso en galletas y en barritas es habitual en casa. Un día cuando fui a hacer la compra me encontré de frente a mí, un paquete de avena desafiándome. Sus letras me querían intimidar, pero yo, que soy más chula que un ocho, lo cogí y lancé en el carro, entre los cartones de leche y las zanahorias. Esta vez no iba a poder conmigo, ya que en caso de que no me gustara para los desayunos tenía un plan B. Es más la iba a moler cruelmente y meter como harina a un pan, así que a la basura desde luego que no iba a ir a parar.
Al día siguiente en el desayuno abrí el paquete y la probé con un yogurt y unas nueces y ummmmm, me encantó, es más estuve unos cuantos días desayunando lo mismo, hasta que empecé a echar copos de avena a casi todo. En galletas quedan increíbles y podemos conseguir dos texturas con una misma masa. ¿Que las queremos crujientes? las hacemos finitas y ya está, y si las hacemos más gorditas las hacemos gorditas, como es este caso, y nos quedarán tipo cookies.
Estas galletas no solo llevan la avena, sino que llevan doble chocolate, en la masa y en forma de pepitas, así que no dejéis de hacerlas que os digo yo que están riquísimasssssssssssss. 

Formamos bolitas con un par de cucharillas pequeñas o con las manos ligeramente aceitadas y las ponemos en la bandeja del horno, que tenemos forrada con papel de hornear, separadas entre si.
Introducimos en el horno previamente calentado a 190º durante aproximadamente 18 minutos (dependerá de nuestro horno)
En ese momento toda nuestra casa se habrá impregnado de un olor intenso a chocolate que harán que nuestras glándulas salivares estén a mil.