
Esta receta de hoy es muy sencilla, puede servir tanto como primer plato, como para una cena a base de picoteo.
Las gambas admiten variadas elaboraciones en la cocina y muy diferentes formas de presentarlas. Su carne es tierna y muy apreciada, puedes encontrarlas frescas o congeladas, peladas o enteras, y se pueden servir frías, a la plancha, al horno, como guarnición para platos de pescado, en paellas, salsas, sopas.......
La trufa que he utilizado para esta receta era fresca, natural, aunque ahora la tengo en el congelador. La compré este invierno en la feria de la trufa de Catí, un pueblo de la comarca del Alto Maestrazgo.

La trufa de esta comarca se distingue por su sabor y ante todo por su aroma, es de excelente calidad.
La mejor manera de utilizar la trufa negra es consumirla fresca, tiene que conservarse en la nevera solo unos 8 o 10 días. También la puedes congelar, para eso la tienes que limpiar bien y guardar en un recipiente hermético, cuando queramos utilizarla de nuevo se ralla sin descongelar lo que necesitemos y se vuelve a guardar en el congelador.

Sirve caliente acompañadas de la salsa.