Es curioso, pero yo que cumplo años en enero, que soy casera por naturaleza y que no soporto bien el solazo de verano, solía sentirme como Pedro por su casa durante los meses de invierno. Sin embargo, desde que soy madre, noto que enero y especialmente febrero son dos meses que se me hacen un poco cuesta arriba. Me falta energía, me siento más apagada y echo en falta las dosis de energía y vitalidad de otras épocas del año. Supongo que en realidad es un efecto natural (esa parte animal que tenemos que tiende a hibernar) y seguramente siempre ha sido así, sólo que ahora soy más consciente con las niñas.
Este año febrero ha venido además con virus y eso me ha dejado más débil de lo normal. Lo bueno, lo confieso, es que siempre suelo aprovechar este mes para escaparme de fin de semana en pareja. Y de hecho, ahora estoy contando las horas para que llegue el momento de carretera y manta. Por eso quiero recuperarme totalmente sin que quede rastro de enfermedad que pueda estropearme el fin de semana de desconexión, descanso y relax.
Tanto es así que llevo toda la semana cuidándome con platos calentitos y de cuchara. Hacía muchos años que no preparaba éste de garbanzos con hortalizas. La receta original es de garbanzos con berenjenas, pero cuando me he puesto a cocinar me he dado cuenta de que la berenjena se había puesto amarga y la he sustituido por un calabacín grande y además le he añadido champiñones; pero bueno, vamos paso a paso.
Ingredientes:

