
Como hay que aprovechar las sobras para que no se ponga nada malo, he usado cosas que tenía por la nevera.
Tenía por ahí de hace unos pocos días medio bote de garbanzos precocinados, de estos que sólo tienes que lavar y calentar. Me da todo el repelús cuando los lavas y expulsan como jabón, a saber qué mierda le ponen para conservarlos.
También he visto que tenía bacon que me sobró de la carbonara y los trozos random de cebolla. Así que he decidido picar la cebolla y dorarla con la mantequilla.

Esta vez casi no se ha churruscado, cuando he visto que se empezaba a poner un poquito marrón he echado el bacon. Que cuando lo he echado he pensado “pues igual tendría que haber puesto a freír antes el bacon, que esto es más gordo”, pero no, se ha ido haciendo a la par porque son trozos chiquitillos y se ha freído bien.

Garbanzos tristes y desnudos


El liquidillo de la miel se ha quedado en el fondo del plato
Hasta que mejore la receta hay que dejarse una botella de agua al lado mientras se comen porque dan sed, pero estaban muyyy ricos y eso que no soy muy fan del bacon. Si alguien sabe cómo compensar el que no dé tanta sed, la sugerencia es bienvenida, porque realmente no estoy segura de si la sed la daba el bacon o la miel o ambas cosas jajaja
Y si lo intentáis, ¡qué aproveche!