PREPARACIÓN:
Para empezar, corta la cebolleta en juliana -en tiritas de toda la vida. Vaya.- y ponla en una sartén a fuego medio y deja que se vaya pochando y reduciendo de tamaño.
Ponla la carne picada en un bol y sazónala a tu gusto. Haz una pelota con ella del tamaño de tu hamburguesa -el tamaño va a depender de los animal que seas- y divídela por la mitad. Aplana ambas partes y mete media loncha de queso entre ellas. Apriétalas y vuelve a formar la hamburguesa.
Úntala con un poco de aceite de oliva y ponla en una sartén a fuego medio para que por dentro esté en su punto y el queso se llegue a fundir. Cuando le hayas dado la vuelta a la hamburguesa, ponle una loncha de queso encima y pon la tapa de la sartén para que así el queso de arriba se funda por calor indirecto. Este detalle es de ser un campeón.
Haz el bacon en una sartén, también a fuego bajo para que quede crujiente y déjalo reposar encima de un papel de cocina para que suelte toda la grasa que le sobra.
Tuesta el pan.
Fríe el huevo.
Y monta la hamburguesa. Pan, cebolleta, carne con el queso, bacon, huevo y chorrete de la salsa que prefieras. Acompáñalo, ya que te pones fino, con patatas fritas o nachos y guacamole. ¡¡Te encantará!!
En realidad la receta era una excusa para enseñaros el truco del queso a modo de magma supremo (como decía Robin Food). Pruébala con la variante de hamburguesa que quieras y más te guste. Pero sé un poco morrofino y cúrratelo, que aunque sea una simple hamburguesa, puede convertirse en un bocado de dioses si lo haces.
¡¡Y a cocinar, filibusteros, que el mundo se va a acabar!! -¡Cómo echaba de menos decir esto!