
He aquí otra receta de aprovechamiento. Enero, febrero y marzo son los meses óptimos para hacer las típicas calçotadas que, básicamente, consisten en asar a fuego muy vivo esta especie de cebolla alargada, tierna, blanca y de sabor dulce y muy sabroso. Cuando están asados se les despoja de las capas exteriores y el resto, la parte más tierna, se unta en salsa romesco. Las calçotadas son todo un acontecimiento festivo en Catalunya, motivo de reunión de familiares y amigos. Pues bien, si hacéis una calçotada en casa y os sobran calçots podéis comerlos en plan fino haciendo un hojaldre relleno de calçots y romesco. Seguro que no os decepcionará. En esta receta podemos sustituir los calçots por puerros.
Si no nos han sobrado calçots hechos a fuego vivo, poner algunos en una bandeja con un poco de aceite, tapar con papel de aluminio y hornear hasta que estén tiernos.