Las diez de la noche acababan de sonar en el antiguo reloj de pared, único resto del mobiliario de los frailes, y solamente se oían, con breves intervalos de silencio profundo, esos ruidos apenas perceptibles y propios de un edificio deshabitado e inmenso, que produce el aíre que gime, los techos que crujen, las puertas que rechinan y los animaluchos de toda calaña que vagan a su placer por lo sótanos, las bóvedas y galerías del monasterio...
Cartas desde mi celda, VIII
Allí nos regalaría sus ocho cartas, la novena fue escrita en Madrid. Composiciones donde reproduciría de manera magistral las impresiones que le suscitaría el entorno. Sus descripciones, costumbres, personajes y leyendas; en especial aquellas destinadas a la superstición y brujería, me han llevado hasta las imágenes del admirado Francisco de Goya y sus pinturas negras. Siendo imposible, separar la metáfora que conllevan por lo menos para este que escribe.
Espero os gusté este trabajo, llevado y motivado por el recuerdo de mi padre que adoraba al poeta. Esperando continué persistiendo el espíritu del hombre libre, rastreador de amores y errante de caminos. Unida a esa pasión que tan solo es capaz de trasmitir quien comparece, llegando desde sur.
Allí, en medio de algunas espigas cuya simiente acaso trajo el aire de las eras cercanas, se columpian las amapolas con sus cuatro hojas purpúreas y descompuestas; las margaritas blancas y menudas, cuyos pétalos arrancan uno a uno los amantes, asemejan copos de nieve que el calor no ha podido derretir, contrastando con los dragoncillos corales y esas estrellas de cinco puntas, amarillas e inodoras, que se llaman de los muertos, las cuales salpicadas en los camposantos entre las ortigas, las rosas de los espinos, los cardos silvestres y las alcachoferas puntiagudas y frondosas.
Carta desde mi celda, III
Vamos con la tradición y las sopas destinadas a la recuperación de convalecientes, que han sido una constante en la gastronomía de todos los tiempos.
En España podemos encontrarnos nombres como; Caldito de Enfermo, Caldito Tierno, nuestro popular Emblanco de Pescado, Caldo para Resucitar, Caldo para Preñadas o la hoy tan popular y mal sonada Dieta líquida.
Hoy, nos quedamos con esta Sopa de Parida o recién Parida, llámese según el lugar. Imaginando a nuestro querido poeta en su celda, arropado y llevándose a los labios este elixir humeante, capaz de devolver la vida.
INGREDIENTES
El Caldo
Gallina (Carcaza o media gallina)
Un hueso de jamón
Un hueso de ternera
Un hueso de rodilla
Un trozo de morcillo de vaca
Un par de ramas de apio
Un puerro o media cebolla
Una zanahoria
Unos 50 gramos de garbanzos
Guarnición, para añadir al caldo
Unos 100 gramos de jamón muy picaditos
Seis unidades de higadito de pollo
(aproximadamente)
Arroz , unos 100 gramos.
(aproximadamente)
Uno o dos huevos cocidos y picados.
Un chorreón de vino,
preferiblemente Oloroso, de Montilla o de Jerez
Aceite de oliva
Unas hojas de cilandro
Sal al gusto
Cuando sopla el cierzo, cae la nieve, o azota la lluvia los vidrios del balcón de mi celda, corro a buscar claridad rojiza y alegre llama, y allí, teniendo a mis pies el perro, que se enrosca junto a la lumbre, viendo brillar en el fondo oscuro de la cocina las mil chispas de oro con que se abrillantan las cacerolas y los trastos de las espeteras al reflejo del fuego, ¡cuántas veces he interrumpido la lectura de una escena de La tempestad de Shakespeare, o del Caín de Byron, para oír el ruido del agua que hierve a borbotones coronándose de espuma y levantando sus penachos de vapor azul y ligero la tapadera de metal que golpea los bordes de la vasija!
Cartas desde mi celda I

Monasterio de Veruela,
dibujo de Valeriano Bécquer
Cortamos el jamón en daditos. Lavamos los higaditos y secamos con papel absorbente y picamos el huevo cocido.
Calentamos el aceite en una sarten y freímos el jamón junto a los higaditos, hasta que se doren.
A continuación, agregamos esta picada al caldo y volvemos a cocer, a fuego lento, durante 30 minutos.
Incorporarnos el arroz, rectificamos de sal si fuera necesario y dejamos hasta que el arroz esté en su punto.
Por último, verter la sopa en una sopera, añadimos el chorreón de vino oloroso y mezclamos con el cucharón.
Agregamos el huevo cocido, las hojas de cilandro y servimos inmediatamente.
Dada la señal de combate, el fuego se hizo general en toda la línea, y unos de la fiambrera de hojalata, otros de un canastillo o del número de un periódico, cada cual sacó su indispensable tortilla de huevos con variedad de tropezones. Primero la botella y cuando esta se hubo apurado, una bota de media azumbre del seminarista, comenzaron la a la ronda por el coche.
Cartas desde mi celda I

Monasterio de Veruela,
dibujo de Valeriano Bécquer