Estamos a un mes de la Navidad y de darnos unos buenos atracones durante todas las fiestas, así que hasta que llegue ese momento vamos a intentar tomar recetas ligeras, sanas y saludables.
Esta receta de hoy, además de que estoy segura de que gustará a todos por el contraste de texturas, es rápida y sencilla de hacer. Es un plato muy sabroso que os puede servir tanto como entrante como acompañando a carnes o a pescados.
Esta receta tan rica y colorida la he preparado para el reto de Pilar de Postres Originales, Color y Sabor de temporada. Pilar nos dio a elegir entre la granada y los garbanzos, la verdad es que los dos ingredientes me encantan, estuve dudando porque tengo unos garbanzos frescos buenísimos que me he traído de mi viaje por Asturias y pensé en hacerlos, pero es que me apetecen con frío y aquí aún hace una temperatura demasiado alta....así que me los guardo para cuando "espero" venga el frío.
Mi primera opción con la granada fue hacer unos muffins que tengo guardados (y que haré pronto), pero pensando en lo que nos viene los descarté, quería algo más ligero o por lo menos menos dulce. Buscando entre mis libros vi esta receta de Lorraine Pascale y me decidí enseguida, aunque le he rebajado un poco la mantequilla que pone porque me parecía demasiada grasa.
La granada es el fruto del granado, tiene una forma globulosa y un tamaño superior al de la naranja. Está coronado por un tubo corto con dientecitos, resto de las hojas del cáliz. Su piel o corteza es de color amarillo rojizo, y está cubierta por multitud de granos rojos, jugosos y de un sabor a veces dulce y otras agridulce, separados por tabiques membranosos y cada uno de ellos con una pepita blanquecina algo amarga.
Su cultivo en España se concentra en la zona de Levante y Andalucía, se encuentra con facilidad en los mercados en los meses de otoño. La granada es rica en vitamina C.
Es una receta sana, ligera y económica, pero si quieres hacerla algo más ligera puedes sustituir la mantequilla por un chorrito de aceite de oliva virgen.