Desde que estuvimos en Estocolmo, hace un año, llevaba con ganas de preparar estos deliciosos bollitos de canela.
Cada mañana desayunábamos en el bufé del desayuno y yo no podía evitar coger uno (uno, o dos, o tres, ejem) kanelbullar. Puro vicio.
Allí los tienen en dos versiones: los enrollados "normales", como una espiral y estos tan llamativos; me pasé buena parte del viaje pensando cómo harían para darle esta forma tan bonita, hasta que el año pasado me regalaron para mi cumple el libro Pan casero, de Ibán Yarza. Ahí estaba la solución al enigma. A pesar de todo, he tardado mucho, demasiado tiempo en preparar estos bollitos. Y ahora no me explico cómo he podido vivir sin ellos.
He hecho alguna modificación sobre la receta de Ibán porque mientras que amasaba, me di cuenta de que la masa estaba muy seca, así que tuve que añadirle algo más de líquido (opté por un huevo, para enriquecer la masa) y no le añadí el cardamomo porque al papá de los cachorrritos no le gusta nada y porque no recordaba yo el toque de cardamomo en estos bollos. Pero probaré a hacerlos de nuevo con esta especia para ver la diferencia.
De momento, os dejo la receta que yo hice que es, como ya os he dicho, sencillamente deliciosa:
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Para la masa:
Para decorar:
1 huevo batido
azucar perlado (se puede sustituir por azúcar blanquilla, almendras fileteadas o lo que más os aptezca)
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La noche anterior preparamos un poolish con 150 gr. de harina, 150 ml. de leche y 1 o 2 gr. de levadura fresca. Removemos hasta que esté todo bien mezclado, tapamos con papel film para que no se reseque y dejamos reposar toda la noche para que fermente.
Este paso es de mi cosecha; me gusta, siempre que puedo, hacer este tipo de bollitos con prefermento, pero en la receta del libro no venía. Si no quieres hacerlo, pasa directamente al paso 2.
Mezclamos bien todos los ingredientes de la masa, salvo la mantequilla y la levadura y amasamos hasta obtener una bola lisa y brillante. Puedes hacerlo a mano o utilizar algún procesador de alimentos, como la panificadora o la My Cook.
Cuando la bola de masa esté lisa, incorporamos la mantequilla y la levadura y volvemos a amasar, sin añadir más harina, hasta que de nuevo consigamos una masa lisita y brillante.
Tapamos bien y dejamos reposar en un lugar alejado de las corrientes de aire, hasta que aumenten bastante su volumen, aunque no es necesario que llegue a doblarlo.
Truquito: si amasáis en la pani o en la My Cook, podéis dejarlas levar ahí mismo, en el caso de la pani, bien cerrada y si es en la My Cook, dentro de la jarra tapada también con el tapón dosificador. De esta manera no manchamos otro recipiente.
Con cada tirita de masa que tenemos cortada, daremos forma a un bollito. Parece complicado, pero no lo es: este paso lo hico la cachorrita pequeña, ella solita; disfrutó como una enana y mirad el resultado, le salieron preciosos, ¿a que sí? Pues ¡quien dijo miedo!
Para formar los kanelbullar tenemos que coger una tira de masa, respetando la doblez y la retorceremos sobre si misma para que adquiera forma de espiral. Luego, la enrollaremos sobre si misma, cuidando de que los extremos queden bien metiditos hacia abajo, para que no se nos abran al hornearlos -imagen 5-.
Vamos depositando los bollitos sobre una bandeja de horno cubierta con papel de hornear -imagen 6- y dejamos reposar una media hora, para que aumenten un poquito su volumen.
No queremos que crezcan demasiado, pero sí que estén jugosos.
Pasado este tiempo, encendemos el horno al máximo para que se vaya calentando y, mientras, pintamos los kanelbullar con el huevo batido y decoramos al gusto con azúcar perlado.
Horneamos a 220 durante 7 minutos aproximadamente, hasta que empiecen a dorarse. No más tiempo porque se quedarían secos.
Sacamos del horno, depositamos sobre una rejilla para que se templen y ¡listos para merendar!

¡Feliz fin de semana!
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