Sé que estoy desaparecida pero todo tiene una explicación. No penséis que he cerrado el chiringuito y estoy tumbada a la bartola tomando el sol en una hamaca ¡ya quisiera yo! Las razones de mi desaparición son varias. Por un lado este último mes mi fotógrafa particular y ayudante de cocina (o sea, mi hija) ha estado retirada de las labores de ayudante-de-mamá-blogger y centrada en las de pobre-sufridora-opositora (con muy buen resultado, por cierto, nada más y nada menos que un 9,23 en su examen de oposición de magisterio, aunque como tenemos una política en materia educativa, y en otras materias también, tan lamentable no había más que una plaza por tribunal y, aunque aún no lo sabemos con seguridad, es dificil que sea para ella. Y aquí abandono el tema de las oposiciones y de los pobres opositores que se dejan la piel año tras año porque me enciendo). La segunda razón que me tiene en paradero desconocido es mi ordenador. Ha decidido ponerse en huelga y se niega a funcionar así que sólo cuento con mi móvil de pantalla reducida que combinada con mis dedos regordetes hacen imposible cualquier intento de publicación o comentario en vuestras cocinas. La tercera razón es dulce, muy dulce y es que nuestro principito (el hijo de mi sobrino Mateo) fue bautizado ayer y entre mi hija y yo preparamos para él la mesa dulce.
Rebeca, que fue la encargada de organizar y preparar toda la mesa (he de confesarlo, en este proyecto yo sólo fui su pinche) lo tenía claro. Quería que todo fuese muy azul, muy tierno y muy de bebé yo creo que lo logró.
Ya se sabe que el calor no es buen amigo de los dulces, y menos aún cuando se trata de una celebración al aire libre en un pueblo como Águilas pero creo que la ilusión fue más fuerte que los casi 35 grados y todos los pasteles aguantaron las altas temperaturas como campeones. Hubo que modificar algunas ideas iniciales: nada de vasitos de mousse y mini tartas de la abuela, en su lugar brownie de Oreo y chuches variadas que a los niños les encantan.
Mar de Papel preparó para nuestro niño una papelería preciosa y personalizada con el nombre y la fecha de bautizo de nuestro Mateo. Gracias a eso las galletitas que preparamos se convirtieron en un precioso recordatorio (bueno, sólo las que los niños dejaron porque ya se sabe que para los peques todas las dulcerías son para hincarles el diente que para recuerdo ya están las fotos jajaja).
Los cakepop de tarta sacher volaron literalmente, claro que es difícil resistirse a un bocadito tan dulce que puede ser devorado de un sólo bocado.
Como la mesa se quedaba pequeña para toooooodas las chuches y los dulces decidimos colocar junto a ella una mesita auxiliar decorada con fotos del protagonista (y también de su hermano que es otro príncipe) y en buen manojo de globos.
Yo creo que el duro trabajo al final tuvo su recompensa porque pasamos un día estupendo y de la mesa dulce sólo quedaron los platos y ya se sabe que para una cocinera no hay mayor satisfacción que el hecho de que sus comensales disfruten comiendo tanto como ella preparando.
Y para terminar os enseño una foto de la espectacular vista que nos acompañó durante toda la celebración y así, de paso, presumo un poco de lo bonito que es mi pueblo.