
¿Influye lo que comemos de pequeños para que en la edad adulta seamos golosos, alérgicos, padezcamos obesidad o tengamos caries? Las teorías de nuestras madres y abuelas de alimentarnos correctamente cuando éramos niños parecen estar en lo cierto. Y es que la nutrición durante el embarazo y la infancia es un factor clave que determina la salud en posteriores etapas de la vida. Esto es lo que demuestran los últimos estudios científicos, que han determinado que la nutrición en la niñez fija el curso de una posterior salud física y desarrollo mental.
Para debatir sobre este tema se celebró el Simposio Internacional sobre Planificación nutricional, que tuvo lugar a finales de noviembre en Barcelona. Organizado por la compañía especializada en nutrición infantil, Numil Nutrición, el congreso reunió a más de 240 pediatras, gastroenterólogos pediátricos e investigadores procedentes de 21 países diferentes que dieron a conocer algunas de las pautas de la nutrición actual infantil.

Tales aspectos aparecen para prevenir algunos malos hábitos que están surgiendo en los últimos años. Las costumbres de las madres de hoy en día han cambiado y ello se traspasa directamente a la alimentación de sus hijos traducido en un menor consumo de legumbres y verduras en beneficio de la comida rápida. Tampoco se bebe tanta leche como antes, y ello perjudica seriamente al crecimiento del niño, ya que los lácteos aportan muchos nutrientes que ayudan paliar algunas enfermedades.

Para ello es vital la lactancia materna durante los primeros cuatro o seis meses o el uso de fórmulas hipoalérgicas (HA) si la madre no amamanta. Dichas fórmulas contienen una proteína especial, fácil de digerir y tolerada por el sistema inmune del bebé y que ha demostrado reducir sensiblemente el desarrollo de alergias.

Por su parte, Kim Fleischer, profesor de la Royal Veterinary and Agricultural University de Frederiksberg en Dinamarca, establece que los pequeños alimentados por lactancia materna tienden a ser más delgados que los alimentados con leche de fórmula a los 12 meses de edad.
Otro de los aspectos sobre el que versó el simposio fue la demostración de que la deficiencia de hierro perjudica a la larga el desarrollo mental del niño. Según los científicos, la única manera de asegurar que se toma una cantidad suficiente de este mineral es la alimentación con una fórmula continuada o leche de crecimiento hasta los 24 meses.

Un descubrimiento en la investigación de sabores mostró que el dulce y las propiedades de textura de la leche materna, tales como la viscosidad y el efecto untuoso en la boca, varían de madre a madre. Como ejemplo de esta influencia, el doctor Tormo señala que "al bebé al que le dan sacarosa en los primeros años de vida, se habitúa a los gustos dulces y en el futuro será una persona golosa".
El efecto de la microflora del colón en el desarrollo de la función inmune y la presión sanguínea del adulto según la nutrición que hayamos tenido en nuestra infancia fueron otros de los temas que se trataron en la conferencia sobre planificación nutricional.