La última vez que había estado en Suecia había probado aquel plato llamado «la tentación de Jansson» en un bar de carretera. Era una de las cosas más ricas que había comido nunca.
Anne Holt, Det Sot er Mitt (Castigo, 2001)
(Publicado en España por Ediciones B en traducción de Cristina Gómez Baggethun)

Es curioso que cuando por estos lares decidimos explorarotras formas de comer, nuestra curiosidad nos lleve de manera casi automática a la orilla suroriental del Mediterráneo. Tiene su lógica, desde luego, ya que mal que les pese a algunos tenemos mucho en común gastronómica y culturalmente con esa zona, pero... vaya, hay otras gentes en otros lugares de las que también podemos aprender cosas interesantes. Y, aparte de los viajes, la literatura es una buena fuente de ideas para la cocina. Y si se trata de platos procedentes de gastronomías tan exóticas como la sueca, confieso que yo soy incapaz de resistir la tentación. Más si la receta lleva ya de entra la palabra fatídica en el título. Todo esto viene a cuento como excusa para presentar esta receta de la que oí, es un decir, hablar por primera vez en una novela de Anne Holt. Es fácil de preparar y no es necesario utilizar quesos de nombre impronunciable, como con toda razón dice mi admirada Marisa de Ret Ceteras, y se pueden cambiar, perfectamente, las ansjovis por honestas anchoas . En cuanto a tan curioso nombre (de la receta) véase aquí.
Ingredientes para cuatro personas
Cuatro patatas grandes
Dos cebollas de buen tamaño
Dos latas de anchoas
250 ml de nata líquida
Dos cucharadas de pan rallado
Dos cucharadas de almendras molidas
50 gr de mantequilla
Sal
Pimienta