La verdad es que nos fascinó a todos los asistentes con su sencillez, su sonrisa franca y su forma de hablar tan positiva e inspiradora. Habló de buscar nuestro propio estilo, ese que nos de seguridad, pero sobre todo que nos hace felices.
Y cuando hablaba me estaba dando cuenta de que no se refería sólo a la ropa, o por lo menos a sí me lo pareció a mí. Creo que también hablaba de nuestro estilo de hablar, de ser, de comportarnos, de organizar nuestra casa y hasta de comer. También hablamos de la importancia de rodearse de belleza, pero no de una belleza vacía o superficial, si no de la surge de las cosas puras y auténticas. Porque si todos tratáramos de trasmitir y compartir cosas bellas, seguro que el mundo sería mucho mejor.
Tenemos el deber de hacer que el trocito de mundo que nos rodea sea mejor cada día un poco mejor y más bonito.

Creo que este es uno de los bocadillos que más estilo tiene y que más feliz me hace de los que he probado en mi vida, exceptuando el de tortilla de patata después de haber subido al monte. Es una versión más económica del "lobster roll" hecha con langostinos. La primera vez que lo comí estaba hecho con bogavante y no me podía creer lo buenísimo que estaba y lo original y elegante que me pareció.
Esta versión con langostinos no tiene nada que envidiarle y resulta igualmente deliciosa. Suele servirse acompañado de patatas fritas y la salsa sobrante.
