Los buenos modales en la mesa (II)

Una comida en buena compañía es uno de los mejores placeres que podemos disfrutar los humanos. En el mundo desarrollado, los alimentos están al alcance de casi todo el mundo. Sin embargo, no pasa así con la buena compañía. A pesar de que el nivel de formación es cada día más alto, no pasa lo mismo con el nivel de educación, que es lo que permite una buena convivencia con los seres de nuestro entorno y disfrutar de la mayor parte de las cosas del día.
Para hacer más agradables los encuentros diarios alrededor de la mesa podemos tener en cuenta los siguientes consejos:
Las personas que comparten mesa conmigo son importantes para mí

El tono de voz nos delata
Hablar muy alto, gritar, reírse a grandes y sonoras carcajadas o discutir no es señal de una educación refinada, precisamente. Deberíamos mantener un volumen muy moderado y, sobre todo, nunca perder el control de nuestras reacciones en la mesa, ni por alegría ni por ira. Podemos reír discretamente durante la comida, pero siempre procurando taparnos la boca, y nunca llegar a mostrar los alimentos masticados a punto de ser engullidos.
Compartimos mesa...
...y, por lo tanto, esperaremos a que todo el mundo esté servido para empezar a comer. Si hay una ensalada o cualquier alimento servido en una fuente, no se puede picar. Los huesos de las aceitunas nunca se dejan sobre el mantel, tampoco en un cenicero. Lo correcto es dejarlos en el propio plato. El panecillo del pan se coloca a la izquierda por lo que debemos tener cuidado de no "robar" el pan de nuestro comensal de la derecha.
La forma de sentarse
La única forma correcta de sentarse es adoptando forma de 4: los dos pies en el suelo, piernas sin cruzar, espalda recta y cabeza alta. Los codos deberían quedar fuera de la mesa, pero podemos apoyarnos en ella con el antebrazo. Tanto al hablar como al cortar los alimentos o comer, debemos procurar no levantar el codo para no molestar a nuestros vecinos. Los hombres pueden ayudar a sentarse a las mujeres, si estamos en una situación formal.
Cuidemos todos los sentidos
Cuando comemos, el sentido del gusto es esencial, entre otras funciones, para distinguir los alimentos en mal estado. Pero no podemos olvidar el papel de los demás sentidos. El olfato nos abre el apetito y refuerza el sabor, aparte de ser una señal de alerta. El tacto nos permite distinguir texturas en los alimentos. ¿Y el oído? Nos permite disfrutar de las conversaciones. Pero puede ser un receptor de sonidos muy desagradables, tanto del exterior como producidos por los comensales: ruido al manejar los cubiertos, chasquidos, eructos, sonidos de satisfacción, repicar de los dedos en la mesa, etc.
Servir a los demás y a uno mismo

Levantarse de la mesa

Las buenas maneras en la vida diaria son imprescindibles para una buena convivencia y para que todos los actos familiares y sociales del día resulten plácidos y agradables. No es difícil integrarlas en nuestros hábitos si somos capaces de apreciar los beneficios que nos pueden aportar en nuestras relaciones y cómo pueden mejorar nuestra imagen.