Cuando terminé de ver todas las temporadas de juego de tronos en poco más de un mes y me puse a buscar la receta de los pastelitos de limón preferidos de Sansa Stark tenía más o menos asumido que era una pequeña friqui. Cuando descubrí que Chelsea Monroe-Cassel y Sariann Lehrer, dos mujeres bostonianas, no sólo tenían un blog de cocina, "The inn at the crossroads" (La posada en la encrucijada), dedicada exclusivamente a los banquetes de juego de tronos sino que habían publicado un libro entero, "Festín de hielo y fuego", sobre el mismo tema, y con bastante éxito, descubrí que lo mio era, de hecho, bastante trivial. Que me hiciese inmediatamente con un ejemplar del libro y que estos pastelitos sean tan solo un ejemplo de las recetas inspiradas en los siete reinos que vendrán a parar al blog es algo que a nadie debería de sorprender.
El libro en cuestión es un recetario inspirado en su mayoría en técnicas de la Edad Media, en el que los platos están divididos por reinos. Cada uno de ellos viene acompañado por una cita del libro en la que aparecen. Cuenta además con un prologo escrito por el mismisimo George R. R. Martin, en el que confiesa su total ineptitud en la cocina. Por soprendente que parezca dice ser incapaz de cocinar nada más sofisticado que los huevos con bacon del desayuno. Lo creas o no, el autor cuya obra ha inspirado un recetario de cocina completo, jamás cocinó ni uno solo de los platos que describe con meticulosa puntualidad en sus libros al igual que tampoco mato de verdad a todos esos personajes. Si lo hubiera hecho sería uno de los mayores asesinos en serie de la historia conocida.
Todos sabemos que la piedad, la compasión y la justicia no se cuentan entre sus muchas cualidades. Yo aún no me había recuperado del todo de la dramatica caida de Dumbledore cuando Martin, el compasivo, decidió clavar la cabeza de Edd Stark en un pica. Después de eso la hostilidad siguió en aumento hasta el punto de que he llegado a estar convencida de que no quedará un solo personaje vivo para el final.
Por esta cualidad tan suya de querer acabar con toda su obra Martin ha sido nombrado mayor troll de la literatura, seguido muy de cerca por otro gran aguafiestas llamado William de apellido Shakespeare.





Al ser interrogado por el porqué de su sadismo responde que el lo que busca es sorprender a los lectores, que tengan miedo de pasar la página, y que jamás olviden que su héroe corre peligro, que se acerca el invierno y se está librando una guerra.
Gracias a la tecnologia y el extraño habito que tiene la gente de grabarse mientras ve la tele, es posible ver las reaccciones que suscitó la emisión de su espantosa "boda roja" (red wedding).
"Hecho curioso, los novelistas suelen hacernos creer que los almuerzos son memorables, invariablemente, por algo muy agudo que alguien ha dicho o algo muy sensato que se ha hecho. Raramente se molestan en decir palabra de lo que se ha comido. Forma parte de la convección novelística no mencionar la sopa, el salmón ni los patos, como si la sopa, el salmón y los patos no tuvieran la menor importancia, como si nadie fumara nunca un cigarro o bebiera un baso de vino. Voy a tomarme, sin embargo, la libertad de desafiar esta convección y deciros que aquel día el almuerzo empezó con lenguados, servidos en fuente honda y sobre los que el cocinero del colegio había extendido una colcha de crema blanquísima, pero marcada aquí y allá, como los flancos de una gama, de manchas paradas. Luego vinieron las perdices, pero si esto os hace pensar en un par de pájaros pelados y marrones en un plato os equivocáis. Las perdices, numerosas y variadas, llegaron con todo su séquito de salsas y ensaladas, la picante y la dulce; sus patatas, delgadas como monedas, pero no tan duras; sus coles de Bruselas, con tantas hojas como los capullos de una rosa, pero más suculentas. Y en cuanto hubimos terminado con el asado y su séquito, el hombre silencioso que nos servía, quizás el mismo bedel en una manifestación más moderada, colocó ante nosotros, rodeada de una guirnalda de servilletas, una composición que se elevaba, azúcar toda, de las olas. Llamarla pudin y relacionarla así con el arroz y la tapioca sería un insulto. Entretanto los vasos se vino habían tomado una coloración amarilla, luego un rubor carmesí; habían sido vaciados; habían sido llenados. Y así gradualmente, se encendió, a media espina dorsal, que es la sede del alma, no esta dura lucecita eléctrica que llamamos brillantez, que centellea y se apaga sobre nuestros labios, sino este resplandor más profundo, sutil y subterráneo que es la rica llama amarilla de la comunión racional. No es necesario apresurarse. No es necesario brillar. No es necesario ser nadie más que uno mismo. Todos iremos al paraíso y Van Dyck se halla con nosotros: en otras palabras, que agradable le parecía a uno la vida, que dulces sus recompensas, qué trivial este rencor o aquella queja, qué admirable la amistad y la compañía de la gente de su propia especie mientras encendía un buen cigarrillo y se hundía en los cojines de un sillón junto a la ventana." Virginia Woolf, Una habitación propia.
Pero pongamonos de humor para hacer la receta:
Se preguntó si Sansa Stark también tendría frío, estuviera donde estuviera. Lady Catelyn le había dicho que Sansa era un niña dulce a la que le encantaban los pastelillos de limón, las túnicas de seda y las canciones de caballería, pero aquella niña había visto como decapitaban a su padre y luego la habían obligado a casarse con uno de los asesinos.
Las dos primeras recetas que he utilizado para hacer los pastelitos de limón son muy distintas entre sí. La primera proviene del recetario oficial de juego de tronos que he mencionado anteriormente. Es una receta medieval simple y directa y el resultado deja bastante que desear. Yo solo la recomendaría a fanses de juego de tronos ya con carné y todo o a personas a las que le gusten los pasteles muy rudimentarios que se parecen sospechosamente en todas sus cualidades a las galletas. 
La otra pertenece al chef Tom Colicchio que fue el encargado de diseñar el menú de las furgonetas de comida (food-trucks) de juego de tronos que se desplegaron por distintas ciudades de Estados Unidos para la promoción de la última temporada de la serie. Sé lo que estás pensando. ¿Es qué tienen una furgoneta de comida para todo? La respuesta es sí, la tienen.
Dentro del menú que se servía en las furgonetas estaban la trucha crujiente con salsa de almendra y mostaza, el conejo al horno... y por suspuesto los pasteles de limón que puedes probar en casa haciéndolos tu mismo con muy poca dificultad. Al hornearlos se dividen en dos, un bizcocho ligero en la parte superior y una crema de limón sedosa en el fondo. Parece magia pero en realidad es una tontería y si no te disgusta el limón te encantarán.
Para el glaseado
Sé paciente o te pasará esto, estas avisado: