
Lo más característico de esta receta es el caramelo tostado que corona la crema. Para quemarla, se cubre con azúcar en polvo y, con una pala de hierro al rojo vivo que se pasa por encima, se tuesta el azúcar hasta que toma el color dorado del caramelo. La crema puede servirse, además, de diferentes maneras, rodeada con nata, melindros (bizcochos) o simplemente sola. Se presenta en platos pequeños individuales.

Según el Gremio Provincial de Pastelería de Barcelona, otra de las recetas más extendidas consiste en hervir un litro de leche con 250 gramos de azúcar y mezclarlo después con 8 yemas y 4 huevos, perfumando todo con vainilla. Dependiendo sólo de la forma o del sistema para espesar la crema se pueden obtener diferentes resultados:
Si la espesamos a fuego directo, sin dejar de remover para que no se pegue en el fondo del recipiente, se obtiene una crema inglesa de la mejor calidad y textura. Si esa mezcla la depositamos en un recipiente adecuado y la cocemos al baño María dentro del horno durante 20 minutos, obtendremos un extraordinario flan con todo el sabor y la textura que lo caracteriza. Por último, si esta mezcla la cuajamos batiéndola en hielo -con una heladora- veremos que se transforma en el mejor mantecado de vainilla, con su textura y consistencia natural.

"Sucedió en un convento de monjas en el que esperaban la visita del obispo y acordaron preparar una buena comida para agasajarle. El obispo llegó tarde y con las prisas, el famoso flan realizado por las monjas, no se coció correctamente. Para remediarlo, la hermana pensó: lo mezclo un poco con maicena y así espesará más. El obispo se impacientó y, al pedir el postre, éste casi acababa de salir del fuego. Para no hacer esperar al obispo, lo sirvieron en un plato con el caramelo por encima, pero el resultado fue una papilla plana y blanda, tostada con el caramelo".
"Monseñor tenía prisa y, creyendo que ése era el famoso flan del convento, que, por lo general, se sirve fresco, tomó una cucharada y se la llevó a la boca con tanta urgencia como placer. Y después de que se le saltaran las lágrimas por haberse quemado la boca, el obispo exclamó con voz bronca y recia: !Crema! (en catalán quema). Pero, como estaba tan rica, siguió comiendo con más cuidado. Desde entonces, el postre favorito de la comunidad de las monjas, ya no fue el flan, sino la crema tostada... o quemada".

Como garantiza máxima energía por las grasas procedentes de los huevos y los azúcares, es adecuado acompañarlo de un plato menos consistente, como, por ejemplo, verduras. El colegio de farmacéuticos también recomienda su consumo moderado para personas que tienen alto el colesterol.
Fuentes de información: Pastisseria.com y Gencat.net.