La pasta gratinada es uno de esos clásicos que, como otros muchos, a la que te descuidas te faltan en blog. Y si hay oportunidad de recuperarlos hay que aprovecharla! Así que el asalto a la cocina de Isa de Azúcarglass ha servido para saldar la deuda. Además de la receta deberíamos habernos llevado también un paquete de macarrones, porque luego resultó que a la hora de hacerla en la despensa solo había espirales, pero para el caso es lo mismo, sirve cualquier tipo de pasta corta.
La carne se incorpora en forma de pequeñas albóndigas y la salsa de tomate (receta aquí), como no podía ser de otra manera, es casera. Y el conjunto, con la cremosidad de la bechamel y el crujiente y tostado del queso, tiene bien ganada su merecida fama ... y ese día el tuper fue la envidia de la oficina!
Contamos con la ventaja de tener la salsa de tomate casera preparada, si no es vuestro caso podéis seguir la receta pinchando aquí.
Pelar y picar fino el ajo y la cebolla. Con la salchicha, o carne picada, hacer pequeñas bolitas o albondiguillas, reservar. Poner una sartén al fuego con dos tres cucharadas de aceite y pochar el ajo y la cebolla.
Con la cebolla lista, añadir las albondiguillas y dejar que tomen un poco de color. Incorporar la salsa de tomate, remover y mezclar bien los ingredientes. Salpimentar y añadir el romero y el tomillo. Dejar reducir la salsa.
Colocar una cazuela al fuego con abundante agua y añadir sal y un chorrito de aceite. Cuando empiece a hervir añadir la pasta y esperar que hierva de nuevo, cocer el tiempo que marquen las instrucciones.
Escurrir y volver a colocarla en la cazuela o en un bol. Añadirle la salsa y mezclarla bien con la pasta. La repartimos en dos bandejas (hemos aprovechado la ocasión para preparar uno de los tupers de la semana).
Preparar ahora la bechamel. Colocar un cazo al fuego y calentar el aceite de oliva, añadir la harina, remover con las varillas y cocerla un par de minutos. Agregar la leche, la nuez moscada y seguir removiendo hasta que espese.
Retirar la bechamel del fuego y repartir entre las dos bandejas. Cubrir la superficie con el queso rallado y colocarlas en el horno con el gratinador. Dejar hasta que el queso se funda y empiece a tener esa tonalidad tostada que tanto gusta.