Aquí tenéis mi primera receta de madeleines. Nunca las había hecho y me apetecía hacer una receta a la altura. Estas madeleines de calabaza están increíbles y son el acompañamiento perfecto para una taza de café o de té calentita para las tardes que vienen. Porque, aunque no haya empezado el otoño real todavía, yo ya he empezado a encender el horno. ¡Que empiece la fiesta!

Tengo que admitir que esta receta de madeleines de calabaza la hice el año pasado. No estaba muy convencido con las fotos y finalmente me he animado a lanzarla ahora. Sí, ahora sí que me gustan. Cosas que pasan cuando estás hasta arriba o yo qué sé qué. El año pasado me horrorizaron y no la subí; y este año me gustan (no me encantan, pero creo que son publicables). ¡Espero que a vosotros os gusten también (aunque no os encanten). ¡Dadme tregua! Bastante tengo conmigo mismo.
¡Por fin estrené el molde! Y estas madeleines de calabaza os digo que son una pasada. Las decidí hacer 100% otoñales, con su toque de especias, que no puede faltar en esta época. Para que cuando horneemos, llenemos la casa de olor a otoño. Sin duda uno de mis favoritos. Canela, jengibre, nuez moscada y calabaza. Una mezcla que nunca falla. Y que acompañamos con esa capita crujiente de los candy melts naranjas que le dan el toque definitivo. ¡Si es que sé que os van a encantar!
Un bocado dulce con el que acompañar una buena taza de café o té en estos días que vienen en los que apetece quedarse en casa viendo una película. Estas madeleines de calabaza serán ese acompañamiento perfecto para esa tarde tan reconfortante. ¡No os perdáis este recetón!

Dificultad: Fácil
Horneado: 10-12 mins
Tiempo: 30 mins (aprox)
Temporada: Otoño
Raciones: 12-15 unidades
Etiquetas: Postre, aperitivo
Trotamundos: Europa
- Empezamos derritiendo la mantequilla con cuidado. Reservamos.
- En un bol, tamizamos la harina, las especias, la levadura y la sal. Reservamos.
- En otro bol mezclamos el azúcar y el huevo y la yema y batimos con las varillas durante unos 4-5 minutos, hasta que tripliquen o cuadrupliquen su tamaño inicial.
- Añadimos entonces el extracto de vainilla y la calabaza y batimos un poco más hasta que queden perfectamente combinados.
- Añadimos los ingredientes secos que teníamos reservados en dos tandas y mezclamos con ayuda de una espátula con movimientos envolventes.
- Añadimos la mantequilla infusionada ya templada y mezclamos con la espátula hasta incorporar por completo, con suavidad para que no baje mucho la mezcla.
- Metemos la masa durante unas 4 horas en la nevera (puede conservarse en el frigorífico hasta 2 días).
- Precalentamos el horno a 220ºC y engrasamos un molde especial para madeleines con una buena capa de spray desmoldante e introducimos en el congelador.
- En cuanto el horno haya alcanzado la temperatura, retiramos la mezcla y el molde del frío y repartimos la masa por igual entre cada una de las cavidades del molde, procurando que no llegue al borde. No hace falta alisar la masa, se repartirá una vez entre en el calor. Con una cucharada de masa será suficiente por cavidad. Podemos hacerlo con una manga pastelera para mayor precisión.
- Bajamos la temperatura del horno a 200ºC y horneamos durante unos 10 minutos hasta que se haya formado el típico copete en el centro de cada concha, la superficie se haya dorado ligeramente y los bordes queden más tostaditos y crujientes.
- Retiramos del horno y desmoldamos. Dejamos enfriar sobre una rejilla.
- Una vez frío el molde, derretimos los candy melts. Rellenamos una manga pastelera y vamos añadiendo a cada cavidad del molde una buena cantidad. Presionamos las madeleines sobre el chocolate derretido, dejando el copete arriba, y permitimos que el chocolate cubra todo el hueco del molde ayudándonos de la madeleine.
- Dejamos enfriar por completo y desmoldamos con cuidado. Si el chocolate está bien frío desmoldará fácilmente y estará bien adherido a las madeleines.
- Servimos a temperatura ambiente.

¡A disfrutar!
Podéis usar el chocolate que más os guste en vez de candy melts.
Podéis eliminar las especias o añadir las que más os gusten.
Para hacer el puré de calabaza, yo suelo asar la calabaza hasta que esté bien blandita y luego la trituro bien hasta formas un buen puré.