Renovarse o morir.
Si tienes un blog te lanzas a probar cosas nuevas porque necesitas material con el que mantener viva tu cocina virtual y porque además el resto de cocinas amigas (por no hablar de las redes sociales) son una fuente inagotable de inspiración (y de antojos)
No me canso de repetir que si no hubiera sido por el blog habría un montón de ingredientes que probablemente no hubiera probado (calabaza, boniato, remolacha, tofu...) y un montón de elaboraciones, sobre todo las masas, con las que jamás me habría atrevido.
La receta de hoy seguramente no habría llegado a mis fogones si este rinconcito no existiera.
La semana pasada se presentó mi madre con una bolsa de membrillos.
A ver qué se te ocurre hacer con ellos que los trajo ayer papá del campo.
En mis planes no estaba repostear con membrillos el fin de semana y dije que igual me animaba con una compota de membrillo, que mi abuela la preparaba cada año por esta fecha (y yo miraba con recelo porque suponía que aquello no podía estar bueno por mucho que a mi abuelo le gustase)
Poco después entré en internet a tantear el tema de las compotas y de pura casualidad, cuando estaba a punto de cesar en mi búsqueda y mentalmente tenía montada mi receta de la compota dí con unos membrillos en vino tinto y surgió el flechazo.
Una nueva búsqueda y unas cuantas consultas más me dije que iba a hacer esta receta como me saliera del bolo.
Y aquí está mi versión particular de los membrillos al vino tinto.
Tampoco es que la cosa sea especialmente complicada: membrillos, vino, azúcar y alguna especia.
La canela no puede faltar en mi cocina, y desde hace bastante tiempo tenía anís estrellado que no había utilizado en nada.
Por no hablar de que tenemos un par de decenas de botellas de vino tinto que nadie toca. De vez en cuando mi marido las voltea, pero aún así teníamos dudas de que alguna no estuviera buena ya.
Así que ahí estaba yo el sábado después de comer buscando en el botellero y me hice con un Coto de 2008.
Y ahí tenéis a mi marido diciendo que era una pena usar un vino de 12 años para una receta.
Vamos a ver, alma de cántaro, si nadie toma vino lo que es una pena es dejar la botella más tiempo ahí hasta que se ponga malo (según mi marido, el entendido en vinos, se avinagra)
La cuestión es que estaba bueno (que a estas alturas una haya dejado la bebida no quita para saber apreciar un buen vino cuando lo abre) y me vino de perlas para esta receta.
Como ocurre con las recetas de pocos ingredientes el éxito depende de la calidad de los ingredientes.

Que no vengo a decir que hagáis que a vuestros maridos les dé un microinfarto abriendo una botella de solera, pero si esta receta se hace con un vino de cartón dejará bastante que desear.
El sabor también dependerá de nuestra mano con las especias.
Era la primera vez que usaba anís estrellado y puse dos estrellas. Quizá con una hubiera sido suficiente porque se notaba bastante el sabor del anís, mucho más que el de la canela.
Me sorprendió muchísimo que tuviera tanto poder para aromatizar. A toro pasado pienso que hubiera sido interesante investigar un poco antes de lanzarme a usarlo.
Que tampoco es que supiera sólo a anís, pero sabía más de lo que yo esperaba.

