Una de las grandes dificultades que supone para mí cambiar mis {terribles} hábitos alimenticios hacia la comida sana no es, como para otras personas, comer frutas y verduras. No, no, no. Mi talón de Aquiles es el desayuno. Que a mí me das un café negro y tiro tres días. Si flaquean las fuerzas, otro café negro a media mañana. ¿Os dais cuenta de lo mal hecho que está?
Así que, esa ha sido una de las primeras normas que me he puesto, desayunar como está mandado. La diferencia es abismal, claro. Se acabaron las debilidades mañaneras, la ansiedad por picotear toda la mañana...
Uno de mis desayunos favoritos son unos biscotes de pan integral con mermelada. Pero claro, la mermelada si es casera, mucho mejor. Estaréis pensando que estoy loca, con la cantidad de azúcar que lleva una mermelada... No, no, no. Esta vez he preparado la mermelada sin añadir azúcar, aunque como yo soy muy muy dulce, le he puesto edulcorante.
La mermelada sin azúcar tiene dos dificultades. La primera es que no espesa de la misma manera, por lo que, dependiendo de la fruta que utilicemos, tendremos que añadir un poco de gelatina o agar agar. De todos modos, si no nos importa que esté más líquida, podemos obviar este paso. La segunda es que el azúcar actúa de conservante, así que esta mermelada nuestra tiene mucha menos capacidad de conservarse; así que siempre es mejor hacer poca cantidad y conservarla en frío siempre.
Mermelada de fresa {sin azúcar}