Me encantan las fresas. Y me gusta todavía más hacer postres con ellas, por que siempre quedan jugosos, esponjosos y muy ricos... y ahora no hay excusa, ya que están de temporada. ¿Qué más se puede pedir? Fruta de temporada, rica, fácil de conseguir y a buen precio! Y, si estáis en la ya temida operación bikini, tened en cuenta que es una fruta muy ligera ya que el 85% de ella es agua y aporta solo 37 Kcal por cada 100 gramos. Su principal valor es el alto contenido en vitamina C: 100 gramos cubren la cantidad diaria recomendada. Y, si estáis embarazadas como yo, serán un gran aporte de ácido fólico.
Precalentamos el horno a 180º y colocamos los papeles de muffins en el molde.
Echamos el zumo de limón en la leche y dejamos reposar 5 minutos para que se corte y tengamos nuestra buttermilk.
Mezclamos bien el azúcar con las fresas. Chafamos con ayuda de un tenedor para que saquen sus jugos y los muffins queden húmedos y esponjosos.
En otro bol, tamizamos las harinas (blanca e integral), la levadura, la sal y la canela y reservamos.
A parte, mezclaremos la leche con el huevo, el aceite y las semillas de amapola y verteremos esta mezcla poco a poco sobre la mezcla de ingredientes secos, removiendo muy bien. Una vez integrado todo, incorporamos las fresas.