
La más trivial de tus acciones es pasto para mí, como las migas es la felicidad de los gorriones (Ramón Lopez Velarde. Poeta mexicano – 1888-1921)
Aún no ha amanecido y ya les escucho piar en los poyetes de mis ventanas. Desde el alboreá entonan sus voces sobre los tejados, salen de sus nidos mirando precavidos, llamándose o quizás despertándose los unos a los otros.
Con saltos presurosos, vuelos constantes de teja en teja, de patio en patio alegran mis mañanas con sus algarabías riñas, sus revuelos, cuando entonan sus voces, sus cantos, su piar regañándose mutuamente o quizás avisándose de sus descubrimientos o qué hacer.
Cuando vengo a darme cuenta ya se han ido, han volado a los campos y al follaje de los árboles de alrededor, pero sé que volverán a resguardarse del Sol que aprieta al calor del medio día.
Salgo a mi pequeño patio, miro hacia arriba y no los veo, uno mis labios y comienzo a llamarlos imitando su piar con sonidos rápidos, a la par que escucho desde mi cocina una voz regañándome:
¡¡ Ya los estás llamando y echándoles pan !! Luego no te quejes de que está el patio sucio por culpa de los gorriones.
No hago caso y sigo con mi rutina de cada día, con el trozo de pan en la mano continúo llamandolos con fuerza y constancia para que me escuchen y me conocen, entienden que es su hora de comer; no tardan en responderme con una devoción que sorprende. Sí, saben que hay un horario que cumplir, que a ésa hora se sirve el alimento y ahí están “mis” gorriones puntuales a la cita.
Mientras continúo imitando su piar, ellos miran sobre el tejado de mi cocina, esperan asomados desde las rejas, desde las canaletas hasta que ven que he terminado de echarles los trozos de su ansiado manjar. Un pequeño grupo con una formalidad y casi disciplina militar, dando saltitos, comienza una fraternal lucha y combate por cada pizca de alimento persiguiéndose, arrebatándose si es preciso las migas más diminutas.
Y con el alegre revoloteo y piar de mis amados gorriones, continúo en la tarea, cocinando para los míos que llegarán en breve y pienso: segundo turno de comida, primero han sido mis gorriones.
Hoy les animo a viajar gastronómicamente a un lugar que me cautiva, India, disfrutando de uno de sus aperitivos más sorprendentes, deliciosos y fáciles de hacer: bhaji de cebolla.
La palabra “bhajia” significa buñuelo, de hecho es un tipo de buñuelos como los que solemos hacer en España pero hecho con harina de garbanzos.
Los bhaji y concretamente éste de cebolla fue probablemente una de mis primeras introducciones a la maravillosa comida hindú allá por el año 1971 cuando comencé a trabajar con hindúes, en una importantísima empresa en la que trabajé durante más de 30 años, por lo que me trae grandes recuerdos.

