¿Sabes ese momento en el que abres el horno y el aroma a bizcocho casero inunda toda la cocina? Pues bien, si nunca has probado a hacer pan con maizena, te estás perdiendo una de esas alegrías simples que solo la repostería casera puede darte. No es un invento nuevo, pero sigue siendo ese clásico que triunfa en cualquier mesa, ya sea en el desayuno de un domingo o en la merienda de los niños.
Lo interesante de este tipo de preparación es que la maizena le da una textura increíblemente tierna y esponjosa, además de ser naturalmente sin gluten. Si tienes en casa a alguien celíaco o simplemente quieres reducir el gluten, este es tu aliado. Y lo mejor: una vez que conozcas los trucos básicos, lo harás los ojos cerrados.
Aquí te mostraré cómo hacerlo perfecto, qué variantes puedes probar según tu estado de ánimo, y todos esos detalles que marcan la diferencia entre un bizcocho plano y otro que sube como una nube.
Te sorprenderá lo fácil que resulta conseguir una miga espectacular cuando combinas maizena con los cítricos justos. Esta versión garantiza un resultado tierno y aromático en cada bocado.

Si has llegado hasta aquí es porque quieres dominar esta técnica, y créeme, una vez lo logres, será tu comodín en la cocina. Ahora toca que te pongas el delantal y disfrutes del proceso.