Desde que tengo uso de razón, desayuno tostadas. Es lo único que ha resistido mis numerosas dietas, incapaz de dejar a un lado mi desayuno de toda la vida. Así, que la única manera de que fuera más sano, era hacer el pan de molde en casa.
Mezclamos todos los ingredientes con ayuda del robot de cocina o la amasadora durante 10 minutos hasta obtener una masa homogénea.
Dejamos reposar la masa otro 10 minutos, tapada en el mismo bol que hemos usado para amasar.
Cuando pase este tiempo, trabajamos la masa sobre la mesa, plegándola y haciéndola rodar. Veremos que es una masa que se queda un poco pegajosa, id con cuidado de no añadir demasiada harina.
Hacemos con ella una bola que dejaremos fermentar en un bol durante una hora y media, incluso 2, hasta que se hinche y la presión del dedo deje una pequeña huella.
Entonces, será el momento de poner la masa sobre la mesa e ir desgasándola, aplastándola enérgicamente. Una vez la tengamos lista, plegamos los extremos de los lados derecho e izquierdo como las solapas de un libro. Ahora empezamos a enrollar la masa concentrándonos en crear una espiral tensa. Plegamos enrollando, una, dos y tres veces, sellando bien la masa cada vez con los pulares hasta obtener un cilindro con los extremos sellados.
Metemos la masa en un molde untado con aceite o mantequilla y dejamos fermentar dos horas más, hasta que veamos que ha doblado su tamaño. Entonces, lo pincelamos con leche y horneamos a 200º durante 35 minutos.
Si durante la cocción, veis que se dora demasiado por encima, ponedle papel de aluminio para que nos quede cierto regusto a quemado en el pan.
Cuando queden 5 minutos para acabar de hornear, sacamos el pan de su molde (con cuidado de no quemarnos) y lo ponemos en la rejilla para que se dore de forma homogénea.
Y así tenemos un pan de molde sanísimo! ¿Os atrevéis a probarlo en casa?