No recuerdo el tiempo que hace desde que Rebeca me dijo por primera vez que teníamos que preparar esta receta, pero posiblemente fuese en los primeros tiempos del blog. Lo cierto es que ha pasado mucho años en nuestros "pendientes" algo de lo que ahora, después de haberla probado, no puedo arrepentirme más. Ayer, aprovechando que los domingos tenemos más tiempo libre y podemos preparar masas que requieran de levados por fin nos decidimos a ponernos manos a la obra. Os aseguro que el de ayer fue nuestro primer pan de mono pero que no será el último. Esta receta es, simplemente, deliciosa. Disfrutar de esas bolitas caramelizadas cuando aún están templadas es algo que me cuesta describir con palabras así que os animo a prepararlo porque os aseguro que os encantará. Es importante, si os decidís a hacerlo, que utilicéis un molde tipo bundt cake o chimenea pues de lo contrario os quedara crudo por el centro. El que yo he utilizado me saca una sonrisa cada vez que lo uso y la razón es que me lo regalo una amiga a la que quiero y adoro: mi preciosa María Luisa de cocina y tacones. Fuente de la receta: Megasilvita.
Ingredientes:
Para la masa:
25 gramos de levadura fresca prensada.
250 mililitros de leche.
1 cucharadita de semillas de cardamomo.
45 gramos de azúcar.
75 gramos de mantequilla a temperatura ambiente.
Una pizca de sal.
420 gramos de harina de fuerza.
Para el rebozado:
100 gramos de mantequilla.
150 gramos de azúcar moreno.
2 cucharaditas de canela.
Elaboración:
Comenzamos desmigando la levadura en un recipiente grande. Sobre ella vertimos la leche que habremos calentado un poquito (a unos 37º) junto a las semillas de cardamomo machacadas.
En el bol de la amasadora colocamos la harina, el azúcar y la sal. Vertemos sobre ella la leche con la levadura y amasamos con el gancho a velocidad 1 durante cinco minutos. Transcurridos esos cinco minutos incorporamos la mantequilla cortada a dados y amasamos diez minutos más.
Cuando tengamos una masa muy lisa y que apenas se pega la colocamos en un bol engrasado, la tapamos con papel film y dejamos que duplique su volumen.
Tras este primer levado, estiramos la masa con ayuda de un rodillo y cortamos en cuadraditos pequeños.
Damos forma de pelotita a cada uno de estos cuadros y los bañamos, primero, en la mantequilla derretida y, luego, en el azúcar moreno mezclado con la canela.
Colocamos todas nuestras bolitas (nos saldrán entre 70 y 90) en un molde bien engrasado y lo volvemos a dejar levar hasta que de nuevo duplique su volumen.
Cuando aún esté templado lo desmoldamos y disfrutamos de él. Aunque frío sigue estando rico os recomiendo que si os sobra algo le deis un golpe de microondas antes de comerlo de nuevo porque os aseguro que templado es cuando está realmente delicioso.