Desde mi viaje a Italia, hace ya algunos años, la panna cotta ha pasado a ser uno de mis postres favoritos. Obviamente, comerla en casa no es comparable a disfrutar de ella en alguna callejuela escondida del Trastévere, de esas con suelos empedrados, macetas en las ventanas, ropa recién lavada secándose al sol del mediodía y algún músico callejero poniendo banda sonora a tan bella estampa, pero...a falta de tan idílico entorno siempre queda la opción de prepararla en casa y rememorar en cada bocado un viaje inolvidable que, en mi caso, lo fue por dos motivos: desde pequeña Italia siempre había sido mi destino soñado y cuando muchos años después logré visitar este país fue por un regalo que me hizo mi hija, ahorrando durante un año parte del sueldo que cobró en su primer trabajo después de acabar los estudios universitarios así que, como os digo, Italia siempre tendrá para mi un significado muy especial. Espero que os guste.
Ingredientes:
300 mililitros de nata.
200 mililitros de leche.
2 cucharaditas de café soluble.
140 gramos de chocolate de cobertura.
100 gramos de azúcar.
3 hojas de gelatina.
Elaboración:
Ponemos en un cazo la leche, la nata y el café soluble.
Cuando rompa a hervir añadimos, fuera del fuego el chocolate bien troceado y movemos bien hasta que se disuelva por completo (si es necesario podemos ponerlo un poquito más al fuego).
Añadimos el azúcar y volvemos a mezclar muy bien para que se disuelva.
Finamente agregamos la gelatina que habremos hidratado previamente.
Ya sólo nos queda verter la mezcla en unos moldes y dejar en el frigorífico hasta que tome cuerpo (mejor de un día para otro).