
Mi querida amiga:
Esta tarde he estado releyendo tus últimas cartas y he revuelto en el cajón donde guardo las viejas fotografías de nuestra niñez. En algunas salen nuestros abuelos y nuestros padres cuando eran jóvenes o incluso niños. Viéndolas no he podido reprimir un suspiro de desánimo y he pensado cuán rápido pasa el tiempo. En tu última carta me hacías una petición muy concreta y como no podía ser de otra manera he tomado la vieja pluma con la que en la escuela nos martirizaban llenando cuadernos y más cuadernos de caligrafía y me he dispuesto a pasarte la receta solicitada. Has de saber que esta receta me la legó en su día mi abuela y que, pese a su sencillez, siempre que la he presentado en reuniones familiares o actos sociales me ha dado buen resultado dejándome en buen lugar. Si puedo haré fotos de las pastas de limón con mi máquina de fotografiar último modelo que me regalaron para mi cumpleaños. No sé qué tal me saldrán pero espero que puedas hacerte una idea más ajustada de cómo quedan. Ya me contarás. Sin más que añadir me despido de ti con un abrazo y ruego presentes mis respetos a tus padres.
P.S. A continuación te detallo la receta.