Tengo que deciros que yo no era para nada de dulce.
Es más, los que estéis por aquí desde el principio, sabréis, que al principio yo preparaba las cosas y nunca me las comía. Las probaba, eso sí, no sea que envenenara a alguien.
La cosa está en que yo probaba y listo, se lo encasquetaba al primero que pasaba por delante. Al final también os tengo que decir que cuando aparecía en casa de mis padres/tíos/abuelos/primos ya me miraban con cara de miralapesadayavieneotravezcondulces.
Pero os tengo que confesar, que todo esto ha cambiado desde que me convertí en madre. Ahora lo pruebo, y si no me lo quitan de delante me lo acabaría yo solita todo.
También han cambiado mis gustos. Antes me moría por el chocolate, ahora prefiero cualquier cosa que tenga limón, o cualquier fruta.
Así es la vida...
Todo este rollo para contaros la historia de la receta que os traigo hoy. Y es que, por mi cambio de gustos, buscaba bizcochos para desayunos que no fueran de chocolate. Quería un bizcocho húmedo y esponjoso.
Y aquí lo tenéis. No os va a defraudar, palabrita.
Pastel de requesón
Para el pastel
330 gramos de queso requesón
190 gramos de azúcar blanco
80 gramos de aceite de girasol
3 huevos M
60 gramos de leche entera
1 cucharadita de vainilla en pasta
200 gramos de harina de trigo
2 cucharaditas de levadura química
Para decorar
100 ml de nata para montar (mínimo 35% materia grasa)
1 cucharada de azúcar glas
Fresas, frambuesas...