Trasteando por la red vi esta receta de Gordon Ramsay que he adaptado ligeramente. En casa somos muy adictos a las tartas de queso y, por su aspecto, parece más una quesada que un bizcocho.
Su textura es muy esponjosa, no en vano se elabora con claras a punto de nieve, pero el sabor recuerda más a aquel pastel japonés que recreamos muchos y que apareció durante muchos meses en la web pincha aquí.
Vamos al lío con la receta, que es muy fácil y no precisa más que unos pocos ingredientes. El yogur que yo he usado es yogur griego de los que venden en envases de 1 kg.
Para 8-10 personas:
Se precalienta el horno a 160ºC con calor arriba y abajo.
Una vez separadas claras y yemas, se montan las primeras a punto de nieve y se reservan.
Se baten las yemas en un bol grande con el azúcar hasta que blanqueen (se llama así a la operación de obtener una masa fina de color amarillo-blanquecino muy homogénea).
Se añade a esta masa la harina con la levadura y una pizca de sal. A continuación se incorpora el yogur y el zumo de limón. Se bate bien todo hasta que quede una masa lisa. Finalmente se incorporan con movimientos envolventes las claras montadas a punto de nieve que teníamos reservadas.
Se unta un molde desmontable con mantequilla, se vierte la masa y se hornea durante 1 hora.
Una vez fría se pone en un bol un poco de mermelada con una pizca de agua, se remueve bien (también puedes hacerlo unos segundos en el microondas) y se pinta con la mermelada la superficie de la tarta.
Las flaneritas quedaron muy bonitas también con su miel de acacia:
El plato, que es una preciosidad, es de La cartuja de Sevilla y pertenece a mi colección de platos (cualquier día me echan de casa por no tener sitio para colocar tantos platos... jajaja)