Pastela de manzana

Los planes de esa noche para David y Mirella eran un concierto y después ir a cenar al pequeño restaurante que tanto les gustaba. Al final del concierto, Mirella no se atrevió a decir en voz alta lo que pensaba así que respondió que había estado muy bien aunque en su interior acabara de llegar a la conclusión de que Mozart no existía, porque cuando es malo es Haydn y cuando es bueno parece Beethoven. Caminaron hasta el restaurante y cuando salieron de cenar las calles empezaban a cubrirse de una espuma luminosa. Mirella tardó un instante en entender que estaba nevando, porque era la primera vez que lo veía. David se quitó los zapatos, los ató por los cordones y se los colgó al cuello. “Te va a dar una pulmonía” le dijo, Que va, contestó David, la nieve es caliente. Entonces, ella hizo lo mismo. ¡Qué maravilla! Nevaba sobre las cúpulas grises, sobre los barcos iluminados que pasaban cantando bajo los puentes, nevaba para David y para Mirella en todo Bratislava y nevaba para los dos solos en el mundo entero. Se despidieron en la puerta con un par de besos cálidos en las mejillas, en su cabeza sonaba algo que David le había dicho durante la cena, hay que desconfiar, por principio, de las cosas que nos hacen felices. Hay que aprender a reírse de ellas, si no, ellas terminarán riéndose de nosotros. Y nunca en la vida Mirella se sintió tan sola como cuando él se fue.

PASTELA DE MANZANA



Ingredientes:

5 manzanas no muy grandes.

2 c.s de mantequilla.

50 gr de azúcar de caña.

Zumo de 1 limón.

60 gr de pasas.

80 gr de nueces picadas.

1 c.c de canela molida.

6 hojas de masa phylo.

Elaboración:

Pelamos y cortamos finamente las manzanas, las rociamos con zumo de limón para que no se oxiden y reservamos.

En una cazuela o sartén ponemos la mantequilla a fuego bajo, añadimos el azúcar y cuando esté todo fundido vertemos las manzanas y las pasas. Dejamos que se cocinen, removiendo de vez en cuando, durante 10 minutos. Añadimos la canela y las nueces, removemos y dejamos un par de minutos más.



Retiramos del fuego y reservamos la preparación de las manzanas.

Untamos el fondo del molde que irá al horno con aceite de girasol. Con ayuda de una brocha vamos pincelando las hojas de phylo y las colocamos en el molde. Todas las hojas deben estar “pintadas” de aceite por la cara superior (al colocarlas una encima de la otra la cara superior de la primera le transmite el aceite a la que va encima). Colocamos las cuatro hojas dejando que sobresalgan un poco del molde (para luego “tapar” la masa de manzanas) y sobre ellas vertemos el relleno de manzana. Cubrimos con los bordes de masa y si es necesario ponemos alguna hoja más para que quede bien cubierto el relleno. Con las otras hojas de filo, también untadas de aceite formamos rosas que colocamos sobre la pastela.



Encendemos el horno a 170º, esperamos 10 minutos a que se caliente e introducimos nuestra pastela que se quedará ahí hasta que adquiera un bonito color dorado, unos 15 minutos.



Decoramos con unas hojas de menta y espolvoreamos por encima un poquito de azúcar aromatizado (o no).