
¡Qué bueno quedó este invento! Es una receta de aprovechamiento; tenía boniatos que gastar, un poco de queso azul que amenazaba con jubilarse, una cebolla que me había sobrado de otra receta... Y de un antojo y la vena de reciclaje, salió esta maravilla de pizza con masa de boniato y avena.
Evidentemente la masa se puede combinar con muchos ingredientes diferentes, pero el contraste dulzón del boniato con el queso azul y la cebolla es un acierto total y desde luego lo recomiendo.
Para una pizza mediana utilicé las siguientes cantidades, pero según lo fina que hagamos la masa, quedará más grande y más crujiente o menos. Al mismo tiempo, cuanto más fina, más frágil, pero hay que aplanarla lo suficiente para que pueda tomar consistencia de masa y para que los bordes queden crujientes.
Este tipo de pizzas no son lo mismo que las de masa de harina, evidentemente, pero esta en concreto está buenísima y a mí en cualquier caso me quitó el antojo de pizza ;)
Para la masa:
Sobre la masa:
150 g de salsa de tomate con albahaca y orégano
Queso azul al gusto; en mi caso Blue Stilton, pero roquefort y gorgonzola sirven igual.
1 chalota mediana
200 g de mozzarella rallada
La preparación:
1. Hervimos los boniatos pelados.
2. Los hacemos puré y los dejamos enfriar. Aquí en Dinamarca sobra con dejarlos 5 minutos junto a la ventana abierta ;) Entonces mezclamos con un huevo, la avena y un poco de sal; no hace falta mucha sal porque el queso azul ya es salado de por sí.
3. Extendemos la masa sobre papel de horno y con una espátula aplanamos y damos forma. Como decía, tiene que ser fina, pero no tanto que se rompa de mirarla. Un truco para que no se rompa luego, es usar un spray o un pincel para engrasar una pizca el papel de horno con aceite antes de formar la pizza.
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