Una de esas recetas clásicas, inmortales, que dejan la cocina con una fragancia a "hogar" como pocas. El "Pollo a la jardinera" es un plato que llama a reunirse en familia, que huele a domingo, a buena compañía y a dejarte una barra de pan untando en la salsa.
Esta receta es altamente sencilla de preparar y resulta muy económica. En tu mano queda el uso de verduras u hortalizas a tu antojo. Yo aquí te dejo mi propuesta pero no dudes en añadir pimiento rojo, algo de berenjena, puerro, apio... Es una ocasión perfecta para dar salida de aprovechamiento a ingredientes solitarios de la nevera, sin un destino claro.
Sólo necesitarás mimo, buen producto (que el vino siempre sea de buena calidad, por favor, la diferencia es abismal) y paciencia... Paciencia para no tomarte la salsa a cucharadas mientras se hace. Contén las ganas. Lucha contra la tentación. La espera merecerá la pena. ¡Mandiles arriba! 
Tiempo: 50-60 minutos
Primeros pasos...
Limpiamos el pollo - si hiciera falta - de posibles plumas o huesecillos sueltos. Le quitamos la piel y los salpimentamos con alegría (o sea, generosamente, no necesariamente sonriendo)
Ponemos una cazuela baja al fuego con un buen chorro de aceite de oliva. Sellamos la carne a fuego fuerte hasta que se dore bien por ambos lados. Sacamos y reservamos. Volverán a escena...
Momento sofrito
En ese mismo aceite - o añadimos un poco más si vemos que vamos escasos - sofreímos la cebolla picada en brunoise (en trocitos pequeños) junto con el ajo y la zanahoria. Dejamos que suden bien y se pochen con calma. Cuando empiecen a estar blanditos añadimos los champiñones laminados y el calabacín picado. Sofreímos todo, que se mezclen, que hagan amistad...