Diciembre llega y con él, esa sensación de querer meter la cabeza en la cocina y no salir hasta Año Nuevo. Las sobremesas se alargan, la familia se reúne alrededor de la mesa y todos miramos expectantes ese último plato que está por llegar. Ese momento es puro oro culinario.
Lo bueno de estas fechas es que tienes excusa para preparar cosas elaboradas, porque la gente entiende que dediques tiempo a la cocina. Además, muchas recetas se pueden hacer con días de anticipación, lo que te quita presión el día D. Lo que importa es sorprender sin estresarte.
Hemos seleccionado las propuestas más golosas y versátiles de nuestra cocina: desde clásicos indiscutibles como el tronco de chocolate hasta opciones más ligeras si lo tuyo es lo saludable, pasando por esos caprichos de turrón que convertirán tu postre en protagonista indiscutible.
El clásico que nadie rechaza nunca. Te sorprenderá lo sencillo que es conseguir ese efecto de pastelería de barrio en tu propia cocina.

Una versión más suave y cremosa que suma sofisticación sin complicaciones. Perfecto si prefieres que el chocolate no sea tan protagonista.

Aquí verás cómo convertir ese turrón que compras a kilos en algo que parece sacado de una pastelería. Video incluido para que no pierdas detalle.

Porque siempre hay turrón sobrante y no te atreves a tirarlo. Aquí tienes ideas brillantes para darle una segunda vida.

Una combinación que parece de revista: cremosa, elegante y lista en media tarde. El barquillo le da ese toque crujiente que todo lo mejora.

Si en tu mesa hay niños (o si tu niño interior sigue mandando), esto es oro puro. Divertido de hacer y de comerse, sin fallar.

Todo lo que necesitas saber sobre este clásico transalpino que es mucho más sencillo de lo que parece. Esponjoso, dorado y adictivo.

Cuando quieres algo elegante pero ligero. Los frutos del bosque brillan aquí como merecen, sin competencia de chocolate agobiante.

Sea cual sea tu elección, lo importante es que disfrutes el proceso. La cocina navideña no debería ser una carrera contrarreloj, sino una excusa para estar un rato en paz, con buena música de fondo y la satisfacción de saber que lo que sale del horno va a dejar sonrisas en la mesa.