
En toda la historia de la humanidad solo ha habido dos pulpos famosos. Uno, el que concibió la mente de Jules Verne que en su novela “Veinte mil leguas de viaje submarino” amenazaba con zamparse el “Nautilus”, el submarino donde viajaban los protagonistas. Su nombre era Kraken. Era pura imaginación del autor francés. El otro pulpo famoso se llamaba Paul y se dijo que era capaz de adivinar los ganadores de los encuentros del Mundial de Fútbol de Sudáfrica en donde, por cierto, ganó la Selección Española. Pura imaginación, también, o simple chamba, suerte o chiripa. Lo único cierto es que estos cefalópodos de ocho brazos o patas con ventosas son listos y su mimetismo les permite adoptar el color de las piedras submarinas para pasar desapercibidos y así escapar. El que no se nos escapó fue éste –bueno, únicamente una pata- que hemos cocinado con cariño acompañándolo de una parmentier de patata. Está sublime.