Hace muchos años me interesé en el mecanismo para hacer quesos caseros. En ese momento me compré los envases que permitían desuerar, las telas, el cuajo, el cloruro cálcico y algunos fermentos y me tiré al ruedo. No salieron mal, aunque claro, como soy de arrebatos, igual que vino el ansia, se fue…
y los moldes y todo lo demás cayó en el olvido, los líquidos y fermentos se caducaron y metí en un armario todo el aparataje.


Según nos cuenta María Ayala, este cuadro se trata de una pintura holandesa del Siglo de oro. Un rasgo distintivo de la época, fue la escasez de pintura religiosa, incrementándose las obras de escenas de la vida campesina, paisajes, paisajes urbanos, o con animales, marinas, flores y bodegones de varias clases.
Otra característica es la enorme cantidad de arte que se producía en los Países Bajos, por lo que los precios eran bastante bajos, excepto en el caso de los mejores artistas. La distribución de los cuadros era muy amplia, ya que incluso zapateros remendones y herreros tendrían un cuadro u otro junto a su forja o en su taller.
El autor es Johannes Vermeer. Hay pocas obras reconocidas de este autor (solo se aceptan como suyos unas 36 obras). Es importante reseñar la sensación de intimidad, de calma, lo que atrae al espectador porque siente que forma parte de esa escena. En sus cuadros están representados todas las clases sociales, desde los campesinos, el ambiente de tabernas, hasta la aristocracia y la burguesía culta y refinada.
También es muy interesante constatar cómo aparecen personas corrientes, especialmente mujeres, leyendo, escribiendo o estudiando, o escenas que representan escuelas, un aspecto que denota que la sociedad holandesa además de ser próspera económicamente sobresalía por el alto índice de alfabetización.
En las obras de Vermeer, las habitaciones son como unas cajas en las que se sitúan sabiamente figuras, elementos arquitectónicos, muebles y accesorios estableciendo una red de verticales y horizontales por las que discurre la mirada del espectador, guiada en ocasiones por la perspectiva trazada por las baldosas de dos colores.
Hay otro elemento en las pinturas de Vermeer que es esencial, la visión desde el ángulo izquierdo, que incluye la pared izquierda de la estancia, donde aparece una ventana que es la principal, o la única, entrada de luz, que incluye de una manera ilusionista al espectador.
A Vermeer no le interesa narrar historias, no hay acción, solo contemplación o reflexión, son historias sin principio ni final, solo en algunas ocasiones un breve gesto de una mano, una cabeza que se vuelve, pero lo habitual es que los personajes que aparecen en la composición estén enfrascados en lo que estén haciendo, sobre todo en sus misivas o en su música, las dos actividades más representadas en sus pinturas. En sus óleos hay pocos personajes, a lo sumo dos, pero que con el paso del tiempo, será en su mayoría solo una figura.
El cuadro se llama LA LECHERA, es un óleo pequeño con una escena costumbrista, aunque en realidad la obra tiene una significación mucho más profunda de lo que pudiera parecer. Durante el Barroco holandés fue común utilizar la figura femenina para realizar una crítica velada de los vicios de la sociedad de la época y sin embargo en esta ocasión el artista utiliza a la lechera como un derroche de virtudes y ejemplo a seguir.
La escena se caracteriza por su limpieza y sencillez compositiva: la mujer que podría tratarse de una criada se sitúa en una esquina de la habitación bajo la ventana, está vertiendo una jarra de leche en un cuenco apoyado en la mesa donde encontramos un espléndido bodegón formado por unos bollos de pan, una cesta de mimbre y una espléndida jarra azulada. Algunos estudiosos creen que la disposición de estos elementos sobre la mesa podría hacer alusión a la eucaristía mientras que la lechera lo haría a la pureza.
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Sin utilizar demasiados elementos –pero cuidando al máximo el detallismo en los objetos que aparecen- Vermeer plasma un ambiente de sosiego y tranquilidad que se escapa de los límites del tiempo.
Y, al ver el cuadro, en seguida me vino a la mente los quesos. La lechera realmente está depositando la leche en un cuenco para hacer quesos. Jeje. Y he decidido seguir mi primera intuición. Además en la decoración final he añadido la flor amarilla simbolizando el vestido y la cesta del fondo.
Ingredientes:
- 2 litros de leche pasteurizada, en mi caso desnatada. Si la comprar entera, estará más bueno, claro y rinde más.
- 1 mililitro de cloruro cálcico. En caso de que no quieras gastarte el dinero comprándolo puedes añadir 100 gramos de leche en polvo, que le añade también calcio.
- 1, 5 mililitros de cuajo líquido, yo lo he comprado en una tienda que vende accesorios de cocina on line.
Como utensilios especiales necesitarás:
- Un termómetro para medir la temperatura
- Gasas para desuerar el queso o moldes con agujeros que permitan desuerar Preparación:
-CALENTAR la leche a 32ºC en una olla. Le he puesto un par de ramitas de romero para que coja el aroma pero no te esfuerces, no se nota el sabor a romero después.