
Hace unas semanas que hemos empezado la temporada huerto que llamo yo y, como ayer os mostraba en mi cuenta de Instagram tengo la nevera repleta de verdura.
La nevera llena, el congelador a tope y el menú para varias semanas confeccionado, a base de calabacín, vainas, ensaladas, y purés varios.
La verdad es que es una maravilla olvidarte el resto del año de tener que comprar verdura, como dice mi suegro producto ecológico 100% -seguro que los puristas en este tema tendrían algo que decir pero me da igual-. Es cierto que se puede decir que los jóvenes -hijos y nueras- de la casa le echamos un poco de morro ya que más bien nos limitamos a llenar nuestras neveras sin colaborar una pizca en mantener y cuidar la enorme huerta que cultivan mis suegros.

El caso es que al final te sale todo por las orejas hasta ese tomate tan rico que de verdad sabe y huele a tomate o los calabacines que yo los he hecho ya hasta en bizcocho.
Últimamente estoy siendo muy fiel a el tema de la recetas fáciles para torpes y ese no me apetece mucho tirarme un motón de rato en la cocina así que busco cositas que no tengan mucha complicación y esta receta es una de ellas.