Tras una larga pausa de vacaciones y vagancia, volvemos a la tarea. Y puesto que ya es otoño, un precioso otoño suave y soleado al menos por estos lares, vamos con una receta para disfrutar de la reina de las hortalizas de otoño: la deliciosa calabaza. Hay muchas formas de prepararla, desde la socorrida crema hasta las tartas dulces o saladas y pasteles. Hervida o asada, acepta multitud de hierbas y especias que enriquecen su sabor y dan variedad a nuestra mesa, placer a nuestro paladar y hasta alivio a nuestros males. Así que vamos a prepararla hoy en una quiche donde la combinaremos con cebolla, piñones, romero y queso viejo. Recordemos que este es el queso cuyo periodo de maduración es de ocho meses como mínimo. Su sabor intenso y su aroma fuerte y potente combina muy bien con la calabaza. El resultado es una deleitosa golosina que no dejará indiferente a nadie. (Y aprovecho para seguir insistiendo en una de mis manías: por favor, no diga jamás masa brisa, esa absurda traducción del francés Pâte brisée que, literalmente, significa masa quebrada, que es como se llama en castellano. Vamos allá. (Las semillas de sésamo y amapola son para decorar, así que su uso es opcional. Puede también cambiarlas por cualquier otro fruto seco, si lo prefiere.)
Una lámina de masa quebrada
300 gr de calabaza limpia
Una cebolla grandecita
100 gr de queso viejo de oveja
125 gr de crème fraîche (o, en su defecto, nata)
Dos huevos
Una cucharada de romero
Unas ramitas de romero fresco
50 gr de piñones
50 gr de pipas de calabaza (peladas)
Sal
Nuez moscada
Semillas tostadas de sésamo
Semillas de amapola
Aceite de oliva