Purita no era hermosa, pero sin duda muy atractiva, con unos ojos negros de esos que cuando se posan hacen que la piel empiece a escocer. En una fiesta sabía que no era la más bonita, pero siempre sería la más sugestiva, por eso le gustaban las fiestas. Cuando se encontraba con alguno de sus examantes, eso no la incomodaba, nunca dudó en decirles lo malo que eran en la cama, así que eran ellos los que rehuían la mirada y hacían que no la conocían. Lo que peor llevaba Purita era vivir en esa ciudad de doble moral, que tenía lengua de pueblo, y ya sabes que la lengua aunque no tiene huesos, si que los rompe. Para alguien como Purita un agujero en el ego podía ser peor que un agujero en el corazón, si bien es cierto que ella decía que el golpe que ves venir duele menos que el que nunca viste en absoluto. Ese era su consuelo. A Purita le gustaba escribir un diario donde anotaba los dictados de ese diablillo que todos tenemos posado en uno de los hombros, que susurra conjuros que despiertan la lujuria. Ahí contaba que también hay un lugar en el infierno para los malos amantes, lugar al que irían a parar más de los que se sabían y menos de los que decían de la ciudad. Un buen día decidió cambiar de ciudad, empezar de nuevo. Dicen que a Purita se le olvidó en el autobús su diario, y dicen que alguien lo encontró abierto por aquella página en la que escribió: Vuelven los fantasmas de los amores pasados, las preguntas quedan en el aire, conducen al corazón por ese rompecabezas que llaman amor y al que siempre le faltarán piezas?Yo que esquivaba balas por ti, y fuiste tú quien me disparó a mí.
RAGÚ DE CIERVO EN HOJALDRE CON PURÉ Y FRUTAS
Ingredientes (3 personas):
1 plancha de hojaldre refrigerado.
3 patatas medianas.
1 huevo batido (para unir y pintar el hojaldre)
½ l de vino tinto.
1 copa de ginebra.
1 copa de brandy.
1 puerro (la parte blanca)
1 cebolla pequeña.
2 dientes de ajo.
1 zanahoria.
Jengibre fresco: 3 cm.
Tomillo fresco (unas ramas)
Romero fresco (unas ramas)
7 bayas de enebro.
Pimienta de Jamaica y de Sichuan (al gusto)
Sal, pimienta negra molida y harina.
1 pera.
Unas frambuesas y unas hojas de rúcula para decorar.
Hacemos una marinada con el vino y la ginebra a la que añadimos las verduras picadas, el tomillo, el romero, las bayas de enebro y las pimientas. En esta marinada dejamos el ciervo durante 24 horas.
Retiramos la carne, escurrimos las verduras y reservamos el vino (lo utilizaremos luego). Apartamos las pimientas y el enebro.
Cuando las verduras estén doradas, apartamos la cazuela del fuego.
Volvemos a poner al fuego las verduras con la carne, cuando esté caliente vertemos el brandy y flambeamos, dejamos que se evapore el alcohol y que la llama se apague.
Añadimos parte del vino (que cubra la carne y un poquito más) y dejamos que cueza a fuego lento al menos durante tres horas. Unos 10 minutos antes de apagar el fuego añadimos una pera cortada en cuartos, sin piel ni semillas.
Tiempo en el que haremos entre otras cosas nuestros cestos de hojaldre:
Encendemos el horno a 200º
Sacamos del horno y dejamos enfriar completamente antes de usar.
Cocemos las patatas (yo en el microondas: picamos bien las patatas con un palillo y ponemos 4 minutos a máxima potencia, le damos la vuelta a las patatas y le ponemos otros 4 minutos) y luego hacemos un puré con ellas.
Ponemos el puré en el fondo de los cestillos de hojaldre (evitará que el hojaldre se ablande con la salsa de la carne).
Una vez cocida la carne la retiramos junto con un trozo de pera (que utilizaremos laminada y cortada para decorar nuestros platos) y trituramos la salsa.
Mezclamos de nuevo carne y salsa.
Servimos sobre el puré la carne con la salsa y le añadimos unos trocitos de pera y unas frambuesas.
La versión mini: sobre una rodaja de patata cocida colocamos un trocito de carne, la salseamos y le ponemos una frambuesa , un trocito o dos de pera y unas hojitas de rúcula.