Pero, como sabéis, este año quise preparar un hornazo en condiciones. Un hornazo de Salamanca de verdad, siguiendo la receta que siempre se había hecho en mi casa. Y para ello era imprescindible comprar mi querida y adorada manteca, porque si quería una buena masa la tenía que añadir sí o sí. No quedaba otra.
Finalmente, el hornazo fue un exitazo y, tengo que reconocer, que la masa quedó excelente. A pesar de ello, a esos 100g de manteca que me sobraron me era muy difícil darles una salida. Tras casi quince días en la nevera, ayer fue el día en que di con la receta que me serviría para aprovecharlos, antes de que se echaran a perder. Una receta tradicional, pero de las que me encantan, y que suelo comprar en navidades: ¡roscos!
Y es que a pesar de mis recelos hacia la manteca, reconozco que son un dulce riquísimo. 
Y estos quedaron súper bien. Digo más. Quedaron mejores que cualquiera de los que hasta ahora he comprado, y creedme que han sido muchos. Porque no quedan nada duros, en absoluto (uno de mis mayores temores) y no saben excesivamente a anís (con lo que consigo que también le gusten a mi madre).

Y antes de dejaros con la receta, un último aviso: Son adictivos, así que, si los hacéis, procurad tener cerca a algún vecino, familiar o amigo al que endosarle unos cuantos antes de coméroslos todos. En mi caso, fue demasiado tarde. Hemos acabado con todos en una tarde...
Roscos de manteca:
INGREDIENTES (para 9 unidades)
- Para la masa:
110g de manteca de cerdo ibérico
50mL de vino blanco
2 anises estrellados
La ralladura de un limón pequeño (si es grande, ponedle solo la mitad)
325g de harina
3 cucharadas de azúcar blanco
Azúcar glas o icing sugar, para rebozar los roscos
- Para el almíbar:
120mL de agua
120g de azúcar blanco
PREPARACIÓN
